miércoles, 7 de septiembre de 2011

Desde el silencio, la música


Me gusta el fútbol y más cosas que parecen prohibidas para escritores y otras gentes de malvivir. Con el Sevilla, qué le vamos a hacer, es que me pirro, al tiempo que sufro. Anoche, por ayer, estaba viendo jugar a la “roja” con la incorporación del delantero centro sevillista Alvaro Negredo, todo un lujo.

Por este lugar “donde el viento silba nácar”, va quedando escaso personal foráneo y los bares más próximos al viejo apartamento han echado el candado, así que el partido lo veía en casa. Ellas estaban conmigo y hacían como si lo estuviesen viendo, una forma muy digna de acompañarme; tal vez la mejor de todas.

Negredo metió dos golazos en un santiamén. Lo celebré normal, no de esa forma estentórea con que lo hago en el café-bar “Gran Vía” de Málaga, situ en calle Don Cristián, donde lo festejo con abrazos, copas y cánticos, dándolo salida a toda la adrenalina que me crean fantasmas como Alfredo, Mariano, Cayo, Artur y un tipejo de Bildu, cuyo nombre no merece ser escrito entre estas palabras.

A esto que, alrededor de las once de la noche, sonó una música deliciosa; el bendito móvil, en todo su esplendor, daba pequeños saltitos de gozo en la madera de la mesa que parecían un doblar de palmas sordas acompañando un buena juerga de cante por soleares. Creí que era mi hermana, también sevillista, pero no. Desde la pantalla del pequeño trasto, convertido en icono de amistad, se leía, como si fuese un arco iris, “Gran Vía”.

La amistad había saltado desde el lugar donde “los hombres se hacen amigos” hasta el oasis “donde el viento silba nácar”; el ficus y ellas agradecieron el detalle, y yo, sensible aunque no lo demuestre, creo que lloré al tiempo que rociaba un dulce pampero entre los cubitos de hielo.

Todos, uno a uno, Antonio, Manuel, Pepe, Ignacio, Paco, etc., fueron configurando una sinfonía de maravillosa amistad. Fui feliz, pues se es con tampoco, con eso que llaman delicadeza, que dormí y soñé con un mundo donde los hombres conjugaban el verbo amar, raíz de la palabra amistad; la auténtica, la que brota “porquesí”

Ni siquiera es necesario dar las gracias.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

2 comentarios: