domingo, 25 de septiembre de 2011

De Lutero a Benedicto XVI


Fue Lutero el que pegó la primera andanada a la Iglesia Católica con aquello de “las palabras y las obras”, y ahora ha sido el también alemán Benedicto XV quien ayer ha corroborado las palabras de su paisano, afirmando que “no cuentan las palabras, sino las obras”, toda una declaración de principios, especialmente de los contenidos en los dichos y hechos de Jesús de Nazaret.
Además ha añadido que “…los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios y las personas que sufren a causa de nuestros pecados y tienen deseo de un corazón puro, están más cercanos al Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ya solamente ven en la Iglesia el boato, sin que su corazón quede tocado por la fe…”, advirtiendo a los fieles de la necesidad de volver a una fe renovada.
El epicentro de su homilía, en el último día que ha estado en Berlín, lo ha dedicado a la necesaria “renovación de la fe” para poder impulsar que los evangelios se conviertan en fuente de solución de los problemas que azotan a la sociedad, o sea, que o bien se renueva la fe, el interior de uno mismo, o está muerto uno a la realidad de los nuevos signos de los tiempos que cohabitan entre nosotros.
El traje, la fe, hay que renovarlo. Lo antiguo, por muchos que algunos lo añoren, ha quedado completamente caduco e inservible; tan sólo vale para ser arrojado al cubo de la basura. El boato, no digamos el beato, es un lastre para que el amor -me da igual con mayúsculas o minúsculas- sea una realidad viva con capacidad de vencer a lo legal y lo sacro.
El Papa, aunque no convenza por lo que representa, ha puesto las cosas en su sitio. Nada va a cambiar por ello, pero sí habrá que reconocerle valor por haber tomado en sus manos un pequeño látigo para azotar algo, no mucho, a los que se creen modelos de una fe que nada dice a la sociedad.
www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario