sábado, 24 de septiembre de 2011

Al cobijo del ficus


Como sé que a ustedes ésta noticia nos les importa, la publico por eso (si es publicada). Está escrita en la tardenoche del jueves, cuando las maletas y los aperos de trabajo ya estaban preparados para iniciar el regreso a Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, tras más de dos meses de tedio y regocijo compartido en este lugar “donde el viento silba nácar”.

Y con el nácar y el viento, el ficus en todo su esplendor. La de hoy es una buena noticia al menos para mí. Miren ustedes, desde el día 19 llevo penetrando y silbando al ficus día y noche. Algo me decía que esa humanidad verde cobijaba a mis canarios Limón y Cleopatra. Subía y bajaba una y otra vez rociando alpiste de todos los colorines por entre sus grandiosas hojas y al pie de sus raíces; cuando hoy, en una de esas últimas miradas de amor y búsqueda, una nube de salvajillos gorriones pardos picoteaban el maná de ellos que había lanzado desde la sagrada terraza donde peinaba, hace años, los grises y blancos cabellos de mi madre.

De repente, entre el jolgorio pardo que picaba y picaba alpiste, amaneció un pequeño sol en forma de canario. Mi cansada vista no percibía desde el altar citado si era Limón o Cleopatra. Pegué una pequeña palmada y volaron todos los gorriones, quedó tan sólo ella, Cleopatra, que con un pequeño brinco se encaramó en la selva del ficus a su cobijo.

Reclamé la ayuda de Rosi, la compañera de vida y silencios. Bajamos hasta el ficus con blancos trapos y un sonar de finos silbos. Aparecía y desaparecía, asomaba su linda cabecita y la escondía atemorizada al instante. De una u otra forma jugábamos al escondite.

Cleopatra era como la furtiva enamorada, o sea, escurridiza pero dejando rastro de su existencia. Al final la descubrimos y la cubrimos con uno de aquellos trapos convertido en auténtica patena que cubrió la manifestación sagrada de quien había sido capaz de sobrevivir a cinco días de intemperie.

Mañana, antes de emprender el regreso al gris de la ciudad, miraré con amor al ficus, lo penetraré y le enviaré un beso que sobrevivirá hasta el año que viene.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

3 comentarios:

  1. Y no hubiera sido mejor, continuar echando alpiste y que estuviera libre?

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  2. Tal vez tengas toda la razón, en cuanto que pudiese usar algo su limitada libertad, pero al otro día regresaba de viaje. No sé. Gracias.

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  3. Me alegro por ti y por Cleopatra.Los dos os hacéis una maravillosa compañía.
    Besos, tu sobrina "la bética".

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