jueves, 8 de septiembre de 2011

"59 segundos" con Rubalcaba


A falta de buenas tentaciones, caí en la vulgaridad de ver por la 1 de TVE el programa “59 segundos” en el que el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, el millonario Rubalcaba, fue sometido por colegas de la caverna mediática a suaves preguntas para su lucimiento personal.

Rubalcaba, que ya no gusta de ser Alfredo y mucho menos Alfredo P., dijo las mismas sandeces que pudiera decir un servidor, Rajoy o el memo de González Pons, el que se ha dejado caer con la polvareda que el Partido Popular, en el caso de que gane las elecciones, creará 3,5 millones de puestos de trabajo y un millón de empresarios.

Todos, creo yo, sabemos que existe una crisis que galopa a lomos de las clases medias y humildes; también hemos aprendido que nos creímos ricos y gastamos por encima de nuestras posibilidades, sirva de muestra que las Comunidades Autónomas se han cepillado, cuando quedan cuatro meses para que 2011 finiquite, la cantidad presupuestada para la totalidad del año; hemos comprendido que, como predijo Julio Anguita, Europa tan sólo existe como mercado donde el parné trasiega a la bolsa de los ricos, sean asiáticos, brasileños o estadounidenses; palpamos la cruda realidad de que a nuestros cinturones cada vez les faltan más agujeros de tanto apretar estrecheces; algunos, los más osados, nos hemos colocado el mundo por montera y, para cuatro telediarios que nos queda por apagar, seguimos pasándolo pipa; otros, los rácanos de toda la vida, siguen preguntando, incansablemente, una y otra vez, si sería conveniente retirar la calderilla de la bancada; reconocemos sin complejos que España es una colonia de Europa, más concretamente de la Alemania de la Merkel; y hemos llegado al fatal desenlace de que nuestros hijos y nietos, especialmente los últimos, van a vivir muchísimo peor que nosotros.

Pues bien, el posible futuro presidente de la colonia española, señor Rubalcaba, nos quiere meter el rollo de Diego Corrientes, el bandido que dicen robaba con un trabuco el dinero a los ricos para dárselo a los pobres.

No sabe, pobre de él, que hoy el dinero salta de banco en banco, de país en país y de continente en continente, con apretar una simple tecla de un ordenador.

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