lunes, 15 de agosto de 2011

Yo confieso ante el cardenal Rouco


Mi mayor acto de fe se produjo cuando hace algo más de seis años me operaron de un cáncer. Aunque familiares y amigos, todos buena gente, me pedían que realizara el sacramento de la penitencia antes de que el bisturí penetrara en mi cuerpo, me negué a ello; no por ateo, sino porque no tenía constancia de haber realizado algo malísimo y porque no creo en el sacerdote que abre o cierra las puertas del infierno o del cielo; y si hubiese hecho el mal, con toda seguridad que me hubiese arrepentido. En mi realidad creo ser una especie de místico, o sea, una persona que tiene comunicación directa con el Misterio, sin necesidad de brujos intermediarios.

Dicho lo anterior, que no es moco de pavo, vamos al cogollo de la cuestión. Con motivo de la JMJ, lo del viaje del Papa Benedicto XVI, la Iglesia Católica Española, a través de su suprema jerarquía, el cardenal Antonio María Rouco, a todos los sacerdotes que se encuentren en Madrid durante los días 15 a 22 de agosto, les ha facultado para poder levantar la excomunión a aquellas mujeres que, habiendo cometido el delito de “aborto procurado”, se acerquen a la confesión debidamente arrepentidas y dispuestas a cumplir una penitencia conveniente. ¡Ojo!, nada más que en capital del Reino, en los demás lugares, las señoras “pecadoras y asesinas” se irán de patitas al invento donde crujen los dientes.

Del aborto, por mi condición de hombre, no sé absolutamente nada, pero tengo la leve sospecha que ninguna mujer que lo practicó, fue a la clínica, o donde sea, cantando por sevillanas y bulerías; tal vez iría en completa soledad o, a lo más, acompañada por seres queridos con los que guardar el vergonzante secreto.

Y también creo, pura intuición, que desde ese momento tiene clavada una espina que, aunque lo disimule, se le clava un poco más en el corazón al pensar en aquél que pudo ser y no fue. Nada tiene que ver la mujer que aborta con l@s proabortistas, así como tampoco tiene nada que ver Rouco con Jesús de Nazaret, el que dijo a la adúltera, saltándose la Ley de Jehová: “anda mujer, vete y no peques más”.

Ah, no soy pro-abortista, tampoco católico practicante, y me apena no tener agallas para ser cristiano, a secas.

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