jueves, 4 de agosto de 2011

Un bogavante con Antonio "Coro"


Si alguien se entretuviese en leer mis cerca de 7.000 “copos”, caería en la cuenta que, exceptuando las excursiones que realizo en el mundo golfo de la política, el resto se podría considerar una especie de memoria personal que, sin grandes algarabías en ella, transmito, a modo de psicoanálisis, a ustedes mis lectores.

Comprenderán que lo ordinario nunca puede formar parte de mis escritos; siempre será algo que se salga de la normalidad, y en estos tiempos de maldita ruina estarán de acuerdo conmigo que meterle mano, nunca mejor dicho, a un bogavante de más de dos kilos es casi pecado mortal; de lo que se deduce que el pecado es un don humano del que no podemos y debemos prescindir.

Debajo de la sagrada terraza se encuentra la pescadería de Antonio “Coro”; en ella se exhiben pescados del lugar, a saber, bailas, chocos, acedías, robalos, sardinas, cañaíllas, pijotas, coquinas, gambas, etc., y de vez en cuando algún que otro bogavante, el más exquisito de los mariscos.

Me llevo muy requetebién con “El Coro”, padre. Hablamos de almadrabas, pesca de arrastre, copos, de la Higuerita -hoy Isla Cristina-, del bonito seco y todas esas filigranas marinas que pueden desembocar en la araña y la pintarroja, pongamos por caso. No soy de los que dicen: “que peste a pescado”, sino que hablo del aroma del mismo; es por ello que, como ya decía, nos entendemos perfectamente.

Debajo del ficus que parece resucitar, los domingos, al dar de mano, preparan alguna que otra delicia con panceta incluida. El domingo pasado, como todos, me llamaron desde el ficus para acompañarles. Estábamos introduciendo en el estómago algún que otro langostino, cuando he aquí que “El Coro” emergió desde el Atlántico con un bogavante del peso citado y con una cochura de veinte minutos, lo suyo.

Nos inclinamos ante él, ante el bogavante, y lo adoramos. Entre los participantes se encontraba Rogelio, tal vez el mejor zurdo que haya tenido el Betis. Al carecer de tenedores, fue devorado a puñaditos con los dátiles.

Fue un gran Día del Señor.

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2 comentarios:

  1. Que buenos recuerdos me traen las "sagradas terrazas".Me dejaron en mi mente tal impronta que, aun hoy, después de tantos años pasados desde aquella época maravillosa, sigo mencionando las noches que pasábamos todos juntos,el ajedrez,los canarios,los cantos a garganta pelada,las conversaciones hasta altas horas de la noche, el sentarse alli sin hacer ni decir nada...Disfrútala,que yo desde la distancia tambien lo hago.Besos de tu sobrina "la bética"

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  2. Eres única, querida bética. Recuerdas a la yeya Antonia con el pañuelo en la cabeza, y aquello de jugar al "bicho", y a tu hermano Fernando que, al final, había que ir por bemoles a por un helado.
    No un beso, sino miles de ellos.

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