miércoles, 10 de agosto de 2011

Papá: ¿estás bien?


Creo que era ayer cuando les hablaba de “Las Habaneras de Cádiz”; pues sí, rememoro y fue hace veinticuatro horas. Debo de tener algo de profeta o cosa así, ya que el mismo día que envié el “copo” sobre el tema en cuestión, mi amigo lepero Rafa Toscano me invitó a una cena en compañía de unos amigos de él.

Ni lo dudé un instante, buena y nueva gente es siempre una excusa ideal para salir de la cotidianidad, que por muy bella que sea con nietas, hijas y parienta, nunca tiene la grandeza de encontrarse con el asombro de lo nuevo, el riesgo de la aventura y la grandeza de la osadía. Así, que sin más, le dije a Rafa que de acuerdo.

A las once de la noche, cuando el ficus me asombra cada día más en su nocturna resurrección con el frescor del suave levante, era la cita y el lugar, el Club Vera de Mar; hacia allí acudí con la red de la búsqueda -siempre hay que buscar, única forma de hallar- y el estómago preparado con el suficiente omeprazol para cualquier contingencia de gula que pudiera violentarlo.

Se trataba de unos amigos vascos que habían preparado un surtido de pecado mortalísimo para estos tiempos que corren, a saber, carrillera -nosotros la conocemos por carrillada-, boquerones rellenos de pimientos de piquillo, langostinos, blancas gambas, y a todo ello, Rafa había añadido frescos y jugosos langostinos de trasmallo. La mesa, retrato justo de la gula, adornada como nada más lo hacen los vascos, invitaba al atracón, de manera que disimuladamente, como el que no quiere la cosa, comencé la degustación.

Pero Rafa Toscano, que es único y en algo se parece a Luis Bravo, el alhaurino pro-joaquinista, había invitado a dos magníficos cantaores y maestros de guitarras, José Mª Rodríguez Alvarez y Enrique Montoya “el Negri” que, ya con el agua de fuego y unas copas de manzanilla, comenzaron un mano a mano que iba desde habaneras hasta fandangos de Huelva, sin dejar por un momento, un repertorio de alegrías y seguidillas que, los entendidos en cante, acompañaban con palmas sordas al son del mágico toque de las cinco cuerdas.

Y plaf, recibí un mensaje de mi hija Rosamary con el siguiente texto: “Papá, ¿estás bien?”. Eran las cuatro de la madrugada, le respondí sobria y educadamente: “de puta madre”. Fue a la del alba y la noche daba paso al inicio del día, al tiempo que el sol jugaba a brotar por El Rompido, cuando me incorporé al hogar.

Tod@s me esperaban: esposa, hija, nietas y el chihuahua Rambo. No dije ni pío, pero al igual que Dios creo que debe existir, os puedo asegurar que fue una noche inolvidable e irrepetible, pues todavía me suenan en los tímpanos la copla “María la portuguesa”, cantada por José María, historia de amor que sucedió aquí, “donde el viento silba nácar”.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

2 comentarios:

  1. Y, claro, la pregunta es.....¿que hacía mi prima a las 4 de la mañana despierta?La vida es una rueda;hace ya algún tiempo tú eras el que, en el mismo lugar, no podías dormir cuando tu hija,mi prima,no llegaba a casa hasta esas horas.Ahora es ella la que no podía dormir.Siempre hay una persona que se preocupa por nosotros.
    Dale un par de besos de mi parte.
    Tu sobrina "la bética"

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  2. Las cosas, sobrina, las cosas. Qué noche, bética, nada más faltabas tú doblando las palmas.
    Ahora, Rafa Toscano, me acaba de comentar que el 28 de agosto vamos a realizar un acto de "poesía y flamemco".
    Confío en que tu prima esté presente.
    Un besote, guapa.

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