lunes, 29 de agosto de 2011

Más de fútbol


Decíamos ayer que el fútbol nos salva, pero eso es tan sólo un decir, porque puede acabar con nosotros a la primera de cambio; y sin no que se lo pregunten al Zaragoza.

Continuando en mi destierro aceptado en el lugar “donde el viento silba nácar”, aunque sé que les importa bien poco, por no decir nada, les anuncio que el querido ficus que me acompaña en esta tarde de resaca se encuentra en su mayor esplendor, no así yo, que despierto de la cogorza de ayer como alma en pena.

Y es que fue mucho lo jugado, vivido y bebido; demasiado para este debilitado cuerpo al que cada día que pasa hay que ponerle remedios y cataplasmas para ir tirando; bien sea una pescada cocida con cebollas y papas o beber medio litro de leche a sorbos en el plazo de una hora.

Todo comenzó cuando el Día del Señor, o sea, ayer si es que hoy es hoy, porque me encuentro obnubilado y no sé si es día o noche, me encaminé sobre las cinco y media de la tarde al Club Vera de Mar para echar mis dos o tres partidas de dominó y, a continuación, ver el Zaragoza-Madrid, para rematar la noche con el Sevilla-Málaga.

Ya dejé una nota a la familia en su conjunto, en la que notificaba que la vuelta podía ser tardía. Las partidas de dominó, tres que fueron, las gané de corrido porque lo único que me queda en condiciones es la memoria y, en el dominó, esa facultad es la que prima; para colmo, hasta en tres ocasiones dominé con el seis doble; si las neuronas se riegan con el dulce pampero todo es coser y cantar, y así fue.

De manera que finiquitado el fichaje, comenzó el festival madridista que tuvo como muñeco de trapo, al que lanzarle la pelota, a los maños de Aguirre; espectáculo único que yo sabía que estaría disfrutando “El Manteca” en el “Gran Vía”, sagrado santuario futbolístico y malagueño donde paso una buena parte de mi vida; pues bien, como el ron empalaga, tomé “agua de fuego”, güisqui, durante las correrías de Cristiano.

Faltaba por ver la gran contradicción íntima, a saber, el mamoneo que los chicos del Gran Jeque se iban a traer con los escombros del Sevilla C.F tras su catástrofe con el Hannover, fue por eso que pedí una botella de Potrus que adorné con jamón, queso y un pulpo bien apaleado, tanto como los dos gol-petazos que Negredo le endosó a los de La Rosaleda, aunque no hay que olvidar el escopetazo de Cazorla por la mismísima escuadra al chaval Vara.

Tras dos JB, marché como pude, y lo conseguí, a casa. Sin rechistar me introduje en el catre, y hoy, que ya les dije que no sé si es hoy, tan sólo recuerdo a una señora que no sé cómo, sentada a mi vera, me arrullaba diciendo que un servidor mejoraba a Sean Connery.

Por todo ello pido perdón a los santos columnistas de este digital donde hoy, especialmente hoy, chapoteo palabras sin sentido. Les ruego se abstengan de comentarios blasfemos, o sea, sagrados.

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