viernes, 5 de agosto de 2011

"MADREPERLAS POÉTICAS"




Además de la destacable labor cultural que realiza José García Pérez desde hace tantos años, quehacer del que se ocupa con empeño y generosidad, ello no evita su dedicación personal a la escritura poética, entre otras, de la que es bella muestra esta obra dividida en varios apartados. Espontáneo y especialmente rítmico en las “Coplas” por las que plasma su dicha ante la vida y el amor (“Es tan sencillo vivir/ cuando el amor se aposenta...”), ante la muerte, cierre de todo lo anterior y tránsito rápido que exige disfrutar de la existencia y cantarlo, sin que esto implique dejar de asumir las penas o de sentir con los otros, incluso con los que arriban a nuestras costas en patera, cruzando un mar que remite al todo como para trazar el círculo del ser: vida/ muerte, amor/ desamor y temporalidad/ atemporalidad (“Quizá me amaste algún día,/ yo te amaré siempre.”). Estas voces se complementan con las “Seguidillas, coplillas, soleares...”, en las que incorpora la crítica al falso cristianismo, a la hipocresía social (“Quiero un Dios para los pobres/ que para ricos yo veo/ dioses de todos colores”), rememora la infancia, sin olvidar la relación antes citada de vida/ amor/ muerte: “Se está muriendo la pena/ y renace la alegría,/ se está acabando la muerte/ de quererte vida mía” o la mar como seno y campo de belleza.
En “Romances y romancillos” el paisaje se enseñorea de los versos, junto con la ira por la injusticia especialmente constatable en la “Elegía andaluza”, plasmación del amor/ odio que el escritor siente por esta tierra a la que le adjudica grandeza, pero de la que observa su prostitución, pues subsiste en la miseria sin que ella despierte, sin que se rebele, por eso confiesa “me duele tu libertad/ muerta por cuatro monedas”, dolor-denuncia-vergüenza que, en el ámbito nacional, se mantiene en “De febrero, veintitrés”. No desaparecen de este bloque ninguno de los temas tratados, ni siquiera los símbolos que, a manera de claves, concentran iconos, metáforas e imágenes sensoriales como la caracola (instrumento musical, cofre mágico, joya, nácar pulido por el viento y las aguas recogido en el título), el mendigo, la espuma marina, el Cristo Cautivo... Obsesiones que marcan los hitos existenciales y literarios de un gran defensor de lo propio como bien colectivo, de alguien que ha sabido mantenerse firme en su puesto a pesar de los cambios y los avatares de la historia española y especialmente de la andaluza, una geografía enmarcada por el Mediterráneo que más que linde es puente con África, vivencia que se difunde también a través de los sonetos como “Sólo aquí”:

“¿Más allá, para qué? Es aquí donde
quiero vivir. En este tiempo que amo
y que odio. Con la luz que yo reclamo
y la sombra que rápida la esconde.

Sólo aquí, con el Dios que no responde
a la angustia del grito con que bramo
mi dolor. Sólo aquí, donde derramo
las gotas de la vida al triste son de

saber que se termina este camino
del que soy solitario peregrino.
Sólo aquí, por la tierra y la miseria,

por el manto de cielo de este infierno,
por la sangre que mana de esta arteria
que arrastra en su morir todo lo eterno.”

El poeta se detiene en la mención de este Dios que no responde, que se hace presente a través de la ausencia, divinidad con la que tantos filósofos y escritores se han enfrentado, desesperante para un hombre que predica “convirtamos en aguas las arenas”, pero estas composiciones sirven a su vez para cantar a las estaciones, la noche, el alba, la bruma, la compañera que nos saca de nosotros “navegando hacia el rumbo de la nada”, o a Melilla, ciudad de su nacimiento, o a Málaga, aquella en la que reside. La obra concluye con las “Sextinas” de un loco idealista entre míseros cuerdos, de un militante de la libertad en una época de siervos que claudican.
En el caso de García Pérez, la formalización de sus versos en esquemas tradicionales no quita espontaneidad a su sentimiento, incluso en su ideario o en su memoria actualizada a través de estructuras clásicas vapulea lo opaco del presente lo mismo que en sus columnas periodísticas. Musical y filosófico, tierno y crítico, existencial y burlón, compasivo e iracundo, amante del amor, el beso parece el sello que lo significa y mantiene como vivencia que justifica todas las demás, amor a la mujer, pasión por su patria, empatía con los semejantes, incluso afecto a la muerte en ese recorrido que hace el devenir por el ser de cada individuo. García Pérez busca lo metafísico sin ser capaz de abandonar lo cotidiano, lo más humano, rastreable en un yo poético existencial con fuerte despliegue hacia el compromiso social y ético.

NOTA: La crítica literaria “MADREPERLAS POÉTICAS” ha sido escrita por la poeta Mª Victoria Reyzábal, una de las voces más singulares de la poesía nacional e internacional.

4 comentarios:

  1. Excelente reseña de la obra de un maestro. Gracias por compartirla!

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  2. ¿Crees que la autora estará de acuerdo en que comparta esta crítica en el grupo de Reseñas?

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  3. No creo que tengas ningún problema; de todas formas se lo comento. Un beso y gracias.

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  4. No hay ningún problema; puedes "colgar" la reseña. Un beso

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