martes, 9 de agosto de 2011

Lo mejor, las Habaneras de Cádiz


¿Será verdad que lo estamos pasando tan mal como decimos?, fíjense que no llego a creerlo del todo. Puede ser que mi duda sea una blasfemia en estos tiempos en que los gráficos bursátiles suben y bajan vertiginosamente. Y con cerca de cinco millones de parados, si me ofusco en mantener dicha duda, me puedo ir de cabeza al infierno o seré arrastrado por l@s indignad@s como un pingajo por las calles.

Este agosto, al tiempo que como en un juego de niños se recrean algunos en la reconquista de la Puerta del Sol, los abonos de fútbol, al menos en la ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo silencia, se agotan y los millones de euros se gastan en fichajes de las llamadas estrellas; es un extraño agosto éste que logra que nos hundamos en la bendita pereza de la espera del Madrid-Barça.

Ahí tenemos a Rajoy sentado en su silla de anea a la espera de recoger los escombros del PSOE; también gozamos de la presencia beatífica de Alfredo P. Rubalcaba en manidas ruedas de prensa vomitando lo que habría que hacer y que él no hizo cuando pudo hacerlo.

¿Y lo sindicatos, por dónde andan los Cándido y Toxo? ¿a qué esperan para saltar al ruedo de la plaza mayor? ¿quién va a creer mañana en los liberados de UGT y CCOO?

El inútil de Zapatero, aquel que regalaba, presumiendo de política social, el cheque bebé al hijo de Botín o al jornalero andaluz en igualdad de condiciones, pasea su preocupación por las marismas de Doñana a la búsqueda de la visión del lince ibérico.

Mientras ello ocurre, o sea, mientras no ocurre nada, el Papa Benedicto XVI se acerca con prudencia al suelo patrio para dar mensajes de paz cristiana a los jóvenes; lo que son las cosas, cuando el Cristo en cuestión, dicen los libros sagrados, no vino a traer la paz sino la guerra.

Y los antipapas, que desconozco si son indignad@s de verdad, afilan banderolas a la contra para que se vaya con viento fresco al humilde Estado del Vaticano.

No creo nada y a nadie, por ello me enfundo en escuchar a Carlos Cano, y gozo como un cosaco cuando entona las Habaneras de Cádiz.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario