domingo, 14 de agosto de 2011

Fue un acaso (XI)


Resguardo la vida en la arcana palabra que pronuncié cuando los almendros derramaron algo más que una flor; cuando las nubes cubrieron de grises copos las blancas casas de Cajiz; cuando el viento detuvo la tronchada rama de la sequía; cuando Dios oscureció su silencio para siempre.
Y llegó el abrigo de la ansiada soledad.

Adentré mis pasos en la selva del tiempo. Con el afilado machete del recuerdo desbrocé los fantasmas del olvido. Caminé con calendas agolpadas en el lugar donde los latidos golpean sin previo aviso. Una yema de azándar, flotando en el perfil de la utopía, perfumó la estancia de mi vida.
Fue un acaso.


De “Resurreción”, del poemario “Fue un acaso” de José García Pérez

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