sábado, 6 de agosto de 2011

Fronteras, puertas y candados


Hay fronteras enormes y fronteras enormemente pequeñas.

Las primeras, consensuadas por los hombres del poder, seccionan al mundo en pequeñas porciones (naciones), facilitan la separación entre personas y ayudan a fomentar el racismo.

Las fronteras “enormemente pequeñas”, creadas por hombres y mujeres, persiguen el aislamiento, consolidan el derecho de propiedad e impiden el deber de acogimiento.

Me ocupan las primeras, pero me preocupan más las segundas.

Siempre, siempre hay una puerta. A ideales y sentimientos se superponen siempre puertas cerradas.

No existen lugares de encuentros en libertad. Intermitentemente es necesario abrir o cerrar una puerta, echar un candado, construir un muro. Todo es puerta y cárcel; nada es libertad.

Se cierran mis labios al no explosionar el grito que nace en mi ser; mis labios son puertas.

El “religioso” pide que se abran las “puertas” del alma. En su estructura sectaria, concibe un espíritu cerrado incapaz de percibir la maravilla que dimana de la vida.

Hay sacerdotes que hablan sobre las “puertas” del cielo. En su mente de custodia, construyen un paraíso de cierres y argollas en el que sólo tienen cabida los encarrilados a través de normas.

El ser humano es un gran creador de puertas, rejas, cerrojos, goznes y candados.

De vez en cuando, de tarde en tarde, se rompe alguna puerta, y un soplo de esperanza y libertad penetra la niebla de aquellos que siguen encerrados.

Algún día seré destructor de puertas.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

1 comentario:

  1. Será maravilloso verte hacer saltar candados, aunque tengo la impresión de que esa no será tarea novedosa en tu vida. Un besote.

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