martes, 30 de agosto de 2011

"Escuchar, hacer, explicar"


Marchitó agosto. Para algunos, los menos, se inicia la vuelta al “bendito” trabajo, al café de la media mañana y al más puro escaqueo. Para los más, sigue el éxodo a las puertas del Inem. Para un servidor, que tiene la inmensa fortuna de poder seguir dividiendo por treinta la limosna de la jubilación, todo seguirá igual aunque con una variante, a saber, no me marcho del lugar “donde el viento silba nácar” hasta que no deje al ficus en debida condiciones, o sea, introduciéndose en la terraza y acompañándome en el leve balanceo de la sagrada mecedora, mientras busco incansable a Altair y Spica.

Pero a partir de mañana, algunas cosas cambiarán para que todo siga igual; me refiero, lógicamente lo habrán supuesto, a las promesas políticas que, como diría el viejo profesor Tierno Galván, se predican para no cumplirlas; él sí que sabía.

Alfredo P. Rubalcaba, que va perdiendo gas de todas todas, ha basado su campaña en el trípode: “escuchar, hacer y explicar”. No está mal para un principiante, pero nada bien para un veterano de la cosa pública. Mas queda bonito, ya ven, escucho al personal, hago lo que me da la gana y explico por qué me he pasado por el forro lo que he escuchado.

Es justamente lo que ha realizado con la ya inminente reforma de la Constitución con un agravante añadido, pues le ha dicho a Zapatero, para quedar bien con determinado personal: “que él no lo hubiese hecho así”.

A pesar de ello, por disciplina de partido, maldita sea, ha votado que sí a aquello que no le agradaba; pues bueno, aunque lo suyo sería que explicase al pueblo el por qué no ha hecho lo que deseaba. Si comienza así esta tediosa campaña, Alfredo lo va a pasar muy mal.

Por lo que se ve y se vive, lleva así la friolera de ocho años: escuchando a Zapatero, haciendo lo que le decía el Jefe de la banda y no explicando absolutamente nada.

Apañados vamos.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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