jueves, 18 de agosto de 2011

El dios Messi


Hoy, por ayer, es el día de Santa Elena y mi nieta pequeña celebra su onomástica. El hogar es una pequeña fiesta, pues además de los billetillos que los abuelos le han regalado, mis mujeres -estoy rodeado de ellas- están atareadas en confeccionar preciosos pinchitos de chucherías para repartir entre la chiquillería amiga.

Hoy, también por ayer, Benedicto XVI está presente en España en su doble personalidad de Jefe del Estado Vaticano y como líder espiritual de una buena parte del planeta Tierra. Lógicamente tiene más importancia lo que como líder pueda decir y decirnos; pero habrá que esperar con paciencia a que pronuncie sus sabias palabras, porque hay algo de lo que no se puede dudar de este Papa, de su sabiduría.

Pero anterior a estos dos hechos importantes; uno de ellos lo es para Elenita y el otro, para la Cristiandad y, de rebote, para aquellos que, aunque no sean católicos, deseen prestar atención, hubo un acontecimiento que ha conmovido, en este lugar “donde el viento silba nácar”, la tranquilidad de una serena noche de agosto, a saber, la sagrada manifestación, llámase hierofanía, de Messi.

En realidad, por aquello del franquismo, que no se qué tenía que ver con el fútbol, soy algo más catalino que merengue, aunque lo mío, lo he confesado en varias ocasiones, es el sevillismo de pura cepa con todo el pecado que pueda arrastrar.

En esta playa hay muchísimos más madridistas que catalinos, lo pude comprobar cuando una minúscula manifestación me increpó desde el ficus en el instante que el Madrid empató por segunda vez; los amé en mi sacrificada humildad, pero al instante, cuando Messi apareció ante el tembloroso Casillas, una ráfaga de divinidad inundó el ficus y, convertidos los merengues, adoraron al dios del fútbol.

Hasta el chuleta de Mou encontraba respuesta a su famoso “por qué”, pues eso, “por Messi”.

www.josegarciaperez.es
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