miércoles, 24 de agosto de 2011

Carmen y Rosa


Pues parece que no va a ser un camino fácil el de Alfredo P. Rubalcaba en su excursión al 20-N. Lo digo porque están apareciendo las primeras fisuras, al tiempo que adhesiones, en la confección de las listas para intentar ser señorías. Lo peor, con perdón y que no se me ataque de machista, es que el pequeño embrollo procede de mujeres.

La más pura adhesión ha llegado de un diputado de Huelva, cuyo nombre desconozco, y que ha hecho público que a él no le importaría seguir perteneciendo a los que aprietan un botón desde su escaño y, dada la experiencia que tiene en tan menesteroso trabajo sin ningún error por su parte, no tiene nada de extraño que vuelva a ser fichado por Alfredo.

Elena Salgado, ministra que ha recibido desde hace ocho años vapuleo tras vapuleo, ha rogado, ella es así de exquisita, que no desearía volver a ser diputada, aunque sabiendo de la amistad que gozan la ministra y el químico, pudiera ocurrir que éste termine por convencerla.

El auténtico lío se encuentra en Córdoba, lugar donde han entrado en gresca Carmen Calvo, la que fue ministra de Cultura y soltó aquello de que el dinero público no es de nadie, y Rosa Aguilar, en la actualidad ministra de todos los Medios y, ha tiempo, la nueva Pasionaria del PCE y alcaldesa de la ciudad de la Mezquita.

Resulta que Rosa dejó la alcaldía para ser Consejera de Obras Públicas de la Junta de Andalucía y, más tarde, rescatada por Zapatero para formar parte de su des-Gobierno, haciéndo, por tanto, un erótico corte de mangas a los cordobeses que la votaron; en realidad, podríamos decir de ella que traicionó a votantes y al debilitado comunismo español.

Carmen ha afirmado que ella, natural de Cabra (Córdoba), no formará parte de ninguna lista donde aparezca Rosa, a la que acusa que por no tener no tiene ni siquiera el carnet del PSOE.

No sé quién vencerá en esta pugna, pero queda claro que el pequeño lío está creado, más aún cuando se está pensando en que Trinidad Jiménez, de los Jiménez Villarejo de toda la vida, aterrice en paracaídas en Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia.

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