jueves, 28 de julio de 2011

Tu memoria en el dominó


Verás, amor, en este lugar “donde el viento silba nácar” -en el que un día de leve poniente, cuando la pleamar alcanzaba su máximo esplendor y se adentraba en la marisma a través de sus caños y esteros, te conocí y amé- la vida transcurre de forma diferente a cuando, tú y yo, sentados en la duna roja, la más alta, hablábamos de nosotros y de lo nuestro. Éramos felices, sin más. No mirábamos el reloj, pues sus agujillas corrían más deprisa que al resto de los que paseaban por la ribera. Se nos hacía de noche en un santiamén, y observábamos como la blanca luna recorría su camino hacia el ocaso y en su caminar se ponía roja encendida. Cuando se ama, el reloj no sabe de tiempos humanos.

Y decía que la vida transcurre de forma diferente porque este lugar, el mismo que acariciábamos tú y yo, se me está haciendo insoportable. Sigue todo igual, ya sabes, el ocaso, la pleamar y bajamar, el niño de la pala roja y el perro que mira incansable a levante; te espera, al igual que yo, pero presiento que no vendrás.

Para pasar el rato y no machacarme con tu inacabada ausencia, me siento con tres conocidos a jugar al dominó. Este juego de veintiocho fichas es un entretenimiento para jubilados; pasa, sin embargo, que yo no quiero jubilarme del todo. Deseo, pensando en ti, seguir eternamente activo en nuestro amor.

Ello es malísimo para el compañero que forma pareja conmigo, pues el dominó, aunque pueda ser también para personas inteligentes, es esencialmente para ejercitar la memoria; de manera que si estás pensando en otro mundo que no sea el seis doble o la ficha que te señaló tu pareja, no ganas ni una jugada y, además, te echan una bronca.

Esta tarde, Antonio, mi compañero de partida, me preguntó airado que en qué estaba pensando; si te lo dijera, le contesté, nunca lo comprenderías. Cómo decirle que la única ficha que tenía en mis neuronas, eras tú, tus besos, palabras, mimos y el lúdico tacto de tu piel.

Comprenderás que he perdido la partida, pero he saboreado por un instante la brisa de nuestro amor.

¿Me crees si te digo que aún perdura?

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

4 comentarios:

  1. El amor puede ser un seis-doble, como la primera parte, para luego quedarse en un seis-blanca, llevando a dejar la mente en una blanca-doble acompañada solo de la bronca del compañero de juego. Pero es una bronca que puede resultar dulce, o más bien agridulce por la ausencia. Me gusta, me gusta especialmente porque nos has dado una de amor, entre tanto disgusto que estos Perez-Rubalcaba, Zapatero, etc, etc, nos dan. Un abrazo Pepe...y a ver si ganas la proxima,jeje.

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  2. Veo, querida amiga, que eres una experta en el juego del dominó y, cualquiera sabe, también en el del amor.
    Gracias por tu comentario, pues indica que al menos tú me lees.
    Un beso.

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  3. Fue un acaso que terminase hoy entre tus palabras...donde tampoco el reloj sabe de tiempos humanos. Gracias Pepe por esta brisa salada en mitad del estío.

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  4. Esa brisa salada y fresca que refresca y activa nuestros pensamientos dulces y profundos perdidos en el trasiego del sabor amargo que preside y se instala automaticamente en nuestras vidas desde el momento que nuestro ser inicia cada mañana su peregrinaje dubitativo y el tiempo acelera y se pierde en bosques espesos que enmascaran nuestra realidad

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