domingo, 24 de julio de 2011

Muerte en el Norte y el Sur


Escribe Fernando Pessoa en su “Libro del desasosiego” lo que sigue: “Y tengo a los otros en mí. Incluso lejos de ellos, estoy forzado a su convivencia. Solo, me rodean multitudes. No tengo hacia donde huir, a no ser que huya de mí.”

Una locura asesina, presuntamente realizada por el noruego Anders Behring, ha sacudido, en Oslo, la paz del Norte del mundo al ser asesinadas más de noventa seres de los “nuestros”; quiero decir personas blancas, instruidas y de similar cultura a la que soportamos. Los medios de comunicación han invadido nuestra tranquilidad y, aunque lejos de nosotros, los hemos sentido como nuestros. Ello no quiere decir que hayamos dejado de alimentarnos, pasear y disfrutar en la medida de nuestras posibilidades; sin caer en la cuenta que -aunque comentamos la noticia en restaurantes y, embadurnados de cremas, bajo sombrillas en la playa o expuestos a pleno sol- gozamos de la inmensa suerte de poder señalar con el dedo acusador al protagonista de la matanza, y eso nos salva de la responsabilidad asesina.

En el Sur del mundo, le llaman cono, están llamados a morir millones de otros seres que no son de los “nuestros”; quiero decir personas negras, no instruidas, que miran fijamente sin ver nada, y si tienen cultura, la desconocemos o no nos interesa; los medios de comunicación los tratan fugazmente, quiero decir como a perseidas que, como en noche de agosto, aparecen y desaparecen según culebrones de verano. Como no son de los “nuestros”, nos importa un bledo que esos ojos siempre abiertos, sin asombro de por medio, se cierren para siempre. Ellos y ellas no son protagonistas de nuestras conversaciones, no nos interesa hablar de ellos. Y no nos interesa porque somos sus asesinos por omisión; a lo más un vergonzante encogimiento de hombros y una blasfemia como ésta: ¡y yo qué puedo hacer!

La matanza de Oslo la miramos con prismáticos, a los que aumentamos el zoom. El genocidio del Sur lo observamos con los mismos prismáticos, pero colocados al revés para que se difumine la imagen.

Formamos parte de una Sociedad Anónima de Crímenes, y en ella, oh Dios u oh Demonio, nos revolcamos felices porque, al contrario que Pessoa, no tenemos a los “otros” en nosotros.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

2 comentarios:

  1. Tienes la valentía de poner voz a la cobardía tras la que nos escondemos tantos... Comparto, con permiso Pepe.

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  2. Gracias, pero no es para tanto. Un beso.

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