martes, 12 de julio de 2011

Espetos, Carolina, espetos


Prometo, a requerimiento de “copito”, escribir un breviario, a modo de decálogo sobre Andalucía, mi tierra, pues uno no es de donde nace, sino de donde pace; pero hoy no, porque para elaborar tan importante documento necesito del abrigo del ficus que se adentra en la vieja terraza y me cubre con su verdor, también del olor de la brisa y la sal, y qué decir del milagro del encuentro de la bajamar con la pleamar en ese beso jugoso de espumas que envidian los dioses.

Hace unos días, mientras tomaba la cuarta copa de “agua de fuego”, echaba un rápido vistazo al decano de la prensa malagueña que es del Norte, aunque se llame Sur (pequeña puya sobre la dominación del Norte sobre Andalucía), cuando he aquí que topé con una maravillosa foto de cuatro concejalas populares del Ayuntamiento de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia.

Ellas eran, y siguen siendo, Carolina España, Ana Navarro, Mª de Mar Martín y Gemma del Corral que, previo toque telefónico al del clic, paseaban a sus anchas por la más coqueta de las calles de este perímetro urbano y tal vez de España, me refiero a nuestra arteria más querida, a saber, Larios, ya entoldada para guardarnos de “las calores”.

El motivo de su rico garbeo estribaba en ver la forma de solucionar el hecho de que los cruceristas que llegan a Málaga no se larguen a Granada, Ronda, Córdoba y Sevilla, y pasen más horas entre nosotros paseando, y lógicamente dejando sus “posibles”, por el casco histórico, casi cascarón, que no deja de estar en permanente construcción.

Por más que lo deseen algunos, no tenemos aún el atractivo suficiente para que Málaga entre en las ofertas de excursiones que, desde el mismo crucero, se brinda a los navegantes de pro. Es cierto que tenemos el nombre de Picasso en su doble acepción de Museo y Casa Natal, pero su contenido artístico no es el apetecible para cambiarlo por una visita, pongamos por caso, a la Alhambra granadina que está a tiro de piedra. Si a ello se le une el cierre de establecimientos y los sablazos culinarios, apañados vamos.

Tal vez, digo yo, unos espetos en condiciones y poco más. Por esas sardinas -especialmente las llamadas manolitas-, además de la mar, la brisa y el sol, el personal puebla El Palo y la Costa del Sol.

Espetos, Carolina, espetos en la Acera de la Marina. No hay otra solución.

Nota para los que me lean en Argentina. El espeto es una forma singular que tiene Málaga de asar sus pequeñas sardinas. Están de rechupete.

www.josegarciaperez.es

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