lunes, 4 de julio de 2011

El segundo mensaje


He recibido un segundo mensaje furtivo, prohibido; es diferente al anterior. Al contrario de lo que hice con él primero, éste lo he leído con sosiego.

Tras hacerlo he hecho un enorme hoyo en la playa, y cuando mis dedos no alcanzaban a sentir más arenas, me he ayudado de palos y cañas y he introducido, amor tras amor, el segundo mensaje en el pozo fabricado.

Me quedaba tan sólo una cerilla. Tenía que ser muy diestro al encenderla ante el repunte de poniente que había saltado. Rasqué el mixto, y prendió fuego. Qué poder de destrucción tienen las pequeñas lenguas de fuego. Cuánto afán por devorar. El segundo mensaje tenía que arder por completo: no podía quedar vestigio de su existencia. Era mi secreto, mi santuario.

El segundo mensaje fue devorado, pero sé que persiste a pesar de su destrucción. No me gustaba el ennegrecido pozo. Fui depositando arena en él. Hasta que la noche lo cubrió. Este mensaje forma parte de las entrañas de las arenas y de la mar, porque cuando la pleamar nos acaricie, porque es nuestro, todo será el mismo milagro.

Cuando cualquier día -hoy podría ser ese día- observe a un niño ahondar en las arenas, pensaré en aquel sepulcro que yo construí. Y cuando la roja pala del niño, porque tiene que ser roja, vaya depositando arenas… estaré pensando en el significante y el significado, en el símbolo y la realidad, en lo posible e imposible, en la seguridad y del riesgo, en ser amado y amar.

A partir de ahora, tengo que buscar niños con palas rojas; porque tienen que ser rojas.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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