sábado, 2 de julio de 2011

El mensaje


Esperaba el mensaje con serenidad; y de él hice una ceremonia, la más bella jamás realizada. Leí los papeles con prisas, como los niños furtivos cuando se copian en los exámenes. Los leía mal, atropelladamente.

No me importaban las letras, sílabas y palabras; ni siquiera el texto. Me importaba saber que tú estaba detrás de él.

Marché a la playa. Tan sólo estábamos la mar, el mensaje y yo. Releí tus cosas y hechos, y tal como dice Kahlil Gibran: “el mar clama por el reintegro de las cosas”, me introduje mar adentro.

Rompí, dentro de la mar, tu mensaje en mil papelitos de amor; y los sumergí. Volvían a emerger en tonos blanquiazules que me acariciaban como besos frescos que se adherían a mi piel.

Después, con todas las fuerzas de que son capaces mis manos, lancé al espacio miles de gotas en cuyo interior brillaba el sol y se convertían en una lluvia de pequeñas estrellas que, mecidas con mimo, se trasladaban a la orilla.

El sobre, escrito en rojo, fue devuelto a las arenas; pero salvé tu nombre, y con el gesto más exquisito que criatura pueda imaginar, lo deposité en la mar.

Tu nombre, en lloroso rojo, flotaba entre las aguas y con firme dulzura iba reintegrándose hacia el lugar donde tienen cabida todos los símbolos: el cabo Xunio.

Ya no quiero más mensajes, con el primero me sobra para saltar de regocijo en sus aguas y sienta que a mí alrededor brota un suspiro de amor de cada uno de los papeles de tu mensaje.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario