miércoles, 13 de julio de 2011

El destierro


Nadie desea ser desterrado. Todos huimos de la posible expulsión de nuestra tierra de realidades y lazos afectivos. Nos sentimos felices en ella. Es nuestro vergel de vanidades; ahí crecen la autoestima, lo que algunos llaman fe, las cosas que necesitamos, las personas a las que servimos, los seres que nos sirven, lo nuestro, o sea, nosotros mismos entre pompas y vanidades.

Nos turba la imagen de una vida fuera de los límites concretos de lo conocido. “Desterramos” el destierro, y queremos seguir permaneciendo en el estúpido espacio donde nuestra propia estupidez es reconocida, asumida y aplaudida por los que nos rodean.

Cuando se opta por salir de la “tierra conocida”, me imagino que debe comenzar una aventura apasionante hacia la auténtica felicidad: el asombro o aquello que nos perturba y con lo que no contábamos.

Salir de la propia tierra dominada, infiere dejar a un lado la seguridad de pisar lo conocido, la estabilidad que supone lo alienante, la lógica que muestra como sentimiento lo razonable.

Quisiera dar pasos deslizantes hacia el misterio de la tierra prometida o desierto, pero ello es imposible. Nada se consigue con deslizarse. Es un camino de guijarros, tropiezos, rupturas y mutilaciones; pero es peor quedarse petrificado en la tierra de la sumisión.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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