jueves, 21 de julio de 2011

Don Angel Rodríguez Vega

A través de “La buena noticia” que todos los lunes publica Manolo Montes para regocijo de sus lectores, sean creyentes o no, he sabido de la “mala noticia” de la muerte, tal vez resurrección, de don Angel Rodríguez Vega, santo sacerdote de la cabeza a los pies.

A dicho cura le debo buena parte de lo que soy, diría yo, para entendernos mejor, que “la buena parte”, porque la otra, todo ese tinglado que conforma mi ser es azúcar disuelta por los vaivenes de la existencia; digo existencia, y no vida, porque ésta, la vida, nace del descubrimiento asombroso del Misterio al que podemos llamar Dios, aunque mejor sería decir Jesús de Nazaret.

Hace la friolera de 47 años que viví a tope un Cursillo de Cristiandad en Melilla. En el equipo de dirigentes se encontraba Don Angel, acompañado de un grupo de laicos, todos ellos, Alberto Cuevas, Antonio Márquez, Rafael Ledesma, Manuel Díaz y Paco Gómez Ragio dejaron de existir, aunque tal vez sigan viviendo por ahí o en mí, vaya usted a saber.

¿A quién puede interesar esta secuencia tan íntima?, quizás a nadie, pero bueno, permítanme que me escriba a mí mismo. Y es que deseo hablar de “la palabra” transmitida oralmente. Palabra de Dios, a secas, la de Don Angel, palabra dicha como solo él sabía hacer y que era capaz de calar en lo más hondo del ser, y conseguir que uno fuese transmutado, convertido, por el único valor de su verbo; pura comunicación entre emisor y receptor, o sea, llegar a la conclusión personal que valía la pena “vivir” todo aquello que él teorizaba.

Y lo consiguió. Y lo viví. Y fue la época más feliz de mi vida, porque me sentía y sabía con certeza que era hijo de Dios, hermano de Cristo y templo vivo del Espíritu Santo. Aquello no podía durar toda la vida, porque es imposible vivir a presión toda la existencia. Algo queda y algún rescoldo aviva aquella tendencia a la divinidad de mi humanidad.

De su testimonio de vida me fui enterando con el transcurrir del tiempo; pero hoy he querido rendir homenaje a la palabra, mejor a la palabra de Dios encarnada en él.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

2 comentarios:

  1. Como no permitirte que escribas "para ti", si cuando lo haces estás escribiendo, en cierta manera, un poquito de cada uno de nosotros, a veces por similitud de experiencia, otras por solidaridad en los sentimientos. Escribir para uno, al fin y al cabo, es lo mejor que`podemos hacer, asi es más seguro que los sentimientos reflejados, a flor de piel, comuniquen, más, y mejor. Un abrazo querido amigo. Descanse en paz Don Ángel y desde dónde esté, le dejen extender sus alas para que nos llegue algo de su batir...

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  2. Bueno, tu comentario, me da "alas" para seguir en la tarea de transmitir lo que pienso y siento. ¿Sabes que es una maravilla tu comentario?
    Besos

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