jueves, 16 de junio de 2011

El secuestro del Parlamento Catalán


Por razones que no vienen al caso, estaba dispuesto a no escribir más copos, no continuar con Papel Literario y romper los recortes de viruta poética que siguen guardados en determinados cajones. A lo más, seguir con mi blog “el copo de pepe” sin estar sometido a nadie, aunque nadie ha pretendido someterme, y si alguien lo intentase, mi sentido de ser libre hubiese dato al trato con la chapuza liberticida.

Ya les digo, me encontraba en esa diatriba a la hora del desayuno, cuando a mi vera, siempre a la verita mía, tres señores, que por su apariencia no podrían tildarse de antisistemas, comentaban, entre ellos y con los demás -lo digo por sus fuertes decibelios- que se alegraban de que ayer hubiesen intentado zurrar a los políticos catalanes.

Esa blasfemia me ha hecho llegar a casa, sentarme delante del ordenador y teclear con más fuerza que de costumbre. Los hay demócratas y antidemócratas, no existen tibios en el discurrir político. Esos caballeros eran unos perfectos antisistemas, aunque disfrazados con corbata, chaqueta y alguna cartera de ejecutivo.

Testigo de excepción que fui cuando el secuestro del Congreso de los Diputados hace ahora 331 años, descubrí que junto a millones de cobardes españoles existían otro gran grupo formado por los que se alegraron de dicho secuestro, podríamos citar a la Comisión Episcopal en Pleno, a los que practicaron el silencio como única arma, a los de la irónica sonrisa y a todos aquellos que me preguntaban si yo también me había tirado al suelo.

Lo de ayer, aunque sin metralletas por medio, fue vergonzante, algo más, si cabe, que aquel 23-F. Cuando las masas nazis señalaban con pinturas a los políticos, cuando se quiere robar el perro de un diputado ciego, cuando los representantes del pueblo solicitan auxilio ante una horda descalificante, cuando se escupe, zarandea y se amedrenta a los representantes del pueblo elegidos democráticamente, cuando ocurre todo eso, la sociedad, la prensa y los que en ella escriben, deben dejarse de monsergas franquistas, batallitas caritativas y embadurnar los periódicos, digitales o no, señalando a los que desean acabar con un sistema democrático desde la botella incendiaria o desde una oración blasfema.

No digamos nada del silencio, ay, el silencio.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

2 comentarios:

  1. Simplemente GENIAL,como siempre.

    Un beso, tu sobrina "la bética"

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  2. Eres mi mejor lectora. Qué bien
    Besos de tu tío "el sevillista"

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