martes, 28 de junio de 2011

Dos muertos, dos cruces con distintivo rojo y una guerra


En ese lugar de Afganistán llamado Aceska, a 20 kilómetros del norte de Quala-e-Now, donde ni Cristo fue a dar las tres voces, los talibán hicieron explosionar un artefacto de muerte al paso de un Lince, y dos militares españoles, la soldado Niyireth Pineda y el sargento Manuel Argudín fueron muertos en acto de guerra asesina, como todas las guerras, por más que la ONU otorgase permiso para invadir las inexpugnables tierras donde las mujeres se pasean con burka incorporado.

Y así, mientras se consuma el atentado de que la edad de jubilación sea a los 67 años de dad, previo pago por anticipado de la titularidad de los hospitales catalanes a la Generalitat, nos encontramos en el día de hoy con un debate sobre el Estado de la Nación con funerales y cánticos por la muerte de los arriba mencionados y la cesión de lo que pagamos todos los españoles, me refiero a los hospitales, a los nacionalistas de CiU.

Carme Chacó, la maltratada ministra por Alfredo, ha salido a la palestra a decirnos, y decirse ella misma, que la “misión de paz y reconstrucción” en tierras afganas es tarea altamente peligrosa. Por tercera o cuarta vez, ha repetido que estamos donde estamos, o sea, en el infierno, por mandato de la ONU, y que en esa misión nos acompañan más de 70 naciones, más o menos medio mundo.

La guerra, porque es una guerra, está perdida. Las 70 naciones de marras, incluido los EEUU del Nobel de la Paz, han claudicado en su intento de doblegar a los invencibles talibán, y sabedores de ellos han comenzado, eso sí, con decoro, a anunciar una espantada escalonada, mientras los talibán seguirán dejando un rosario de muerte y desolación por tierras de casquijos y pedregales; nosotros contribuimos a la fabricación de ese rosario con un buen número de cuentas que vienen a conformar un misterio doloroso.

Porque es un misterio, aunque no se rece a viva voz el NO A LA GUERRA, que este pueblo, España, permanezca ocioso y silencioso ante la estupidez de enviar a nuestros mejores al encontronazo con la Parca.

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