martes, 21 de junio de 2011

Carnicería española en Afganistán


Han pasado unos días, no muchos, y aunque el temple mediático ha pasado de puntillas sobre la carnicería que los talibanes ha realizado sobre los cinco ocupantes españoles de un vehículo Lince en el noroeste de Afganistán, a dos de los cuales, mujer y hombre, le han sido amputadas una pierna y los otros tres han sido heridos de gravedad, observo, con suma tristeza y duro cabreo que a nadie, parece ser, le importa este hecho más que la Cospedal haya tomado posesión de la Presidencia de Castilla La Mancha o de que IU le haya hecho una peineta al personal del PSOE.

De paso digo, que me preocupa que a los indignados del 15-M este lúgubre hecho les importe un bledo y que los no indignados se encojan de hombros como si tal cosa. Si a ello le unimos que el Congreso de los Diputados y sus componentes esta guerra les importa menos que el pepino de marras, habrá que deducir que la carnicería es algo más en esta España surrealista. Y todo ello, porque no ha habido cadáveres por medio y no se han realizado solemnes misas de difuntos con Chacón al frente.

Y mientras ello ha ocurrido, y los invencibles talibanes se acercan a Kabul con la misma cortesía que los indignados a la Puerta del Sol, mientras los señores de la guerra vigilan sus plantaciones de opio a caballo de los tanques rusos que invadieron sus tierras, los EEUU de América comienzan a negociar con el imperio taliban, asentado en montañas inexpugnables, el fin de la guerra, o sea, el reconocimiento de su derrota.

Dicen los expertos, léase Zapatero, Alfredo y la Chacón, que este tinglado, que cuesta 14 millones de euros mensuales a los españolitos, no es una guerra, sino una misión de paz; pues vaya por Dios con la paz, que en forma de bomba lapa, recibimos y que deja desperdigados por los campos afganos las piernas de nuestros compatriotas.

Malditos sean, todos aquellos que en nombre de una ONU de funcionarios y un imperio del Nobel de la Paz, señor Obama, consiguen, que los restos de nuestros se desperdiguen por tierras en las que no somos necesarios.

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