martes, 24 de mayo de 2011

Francisco de la Torre, alcalde y abuelo


De todas las imágenes publicadas con motivo de la noche electoral sobre los distintos candidatos a la alcaldía de Málaga, me quedo con una foto en la que se ve al actual y futuro regidor de esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, besando a uno de sus nietos en la frente mientras lo sostiene en volandas.

Debe ser porque uno también es abuelo y porque entre toda la galería de fotos que poseo, conservo dos, en las que alzo a mis nietas Carmen y Elena dándole un beso a cada una de ellas, que para mí son las mejores.

Ser abuelo, si se ejerce y las neuronas andan en buen estado, es un privilegio del que se puede obtener buen provecho. Si a ello, se le añade el ser alcalde, que es una responsabilidad pública, la suma de ambos hechos debe provocar un estado de felicidad difícil, muy difícil de igualar.

De la Torre, Paco, ha sabido ganarse la confianza de los malagueños y malagueñas que habitan este perímetro urbano localizado entre montes y mares, almendros y boquerones, luz y poesía, y, por ello, hay que darle la enhorabuena y pedirle que agote con facilidad y felicidad los cuatros años de mandato democrático que la ciudadanía le ha otorgado.

Exceptuando alguna cosa sin importancia para el conjunto de ciudadanos, creo que Francisco de la Torre, aparte de la ola azul que nos cubre, se ha merecido este nuevo bautismo democrático. Le debo a él muchos detalles, el más importante de todos fue el de cambiar radicalmente mi vida por una decisión de confianza que tomó hacia mi persona hace más de una treintena de años.

Sabe él muy bien que nunca olvidaré aquella decisión, y como creo que me conoce, también sabe que seré crítico si no cumple con la confianza que el pueblo malagueño ha depositado en él.

Enhorabuena y a ejercer con pulcritud como abuelo y alcalde.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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