jueves, 26 de mayo de 2011

De juglar, con Manuel Alcántara


Desde que empezaron los juglares, allá por el año 1.200, a decir y cantar la poesía, ésta fue adquiriendo un sello muy popular y las gentes se arremolinaban en plazas y tabernas para saber de los cantares y andanzas de la Corte dicha de una forma muy peculiar.

Esto es lo que pretende el Ciclo Literario “… de poesía con Unicaja”, acercar la poesía y al poeta a los ciudadanos para que estos puedan palpar y escuchar a los autores y su obra. Debe ser una poesía sencilla -la sencillez no está exenta de profundidad- y “redonda” que se “cuele” por el oído del público y sea entendible, o sea, que tras un recital el personal se lleve aprehendida la silueta de la poesía y conozca algo la sensibilidad del “juglar” que ido a echar un buen rato con él.

Pues bien con Manuel Alcántara, todo un pozo donde saborear la vida, que no otra cosa es la gran sabiduría, he hecho de juglar durante estos dos últimos días en Mijas y Estepona. Comprenderá ustedes que ha sido todo un lujo.

Una auténtica gozada contemplar al público cuando el maestro Alcántara achicaba la faena con unas soleares y fandangos. Y es que cuanto más corto, por tanto más preciso, sea el poema, el espectador tiene que estar más atento a lo que el juglar le transmite, pues basta con que una sílaba se cruce con un carraspeo inoportuno para que el bucle del mensaje lírico no recorra con musicalidad el camino del milagro.

Y después, tras el mano a mano, la copa junto a la sonrisa de un buen yantar y el contar las mil anécdotas de unas vidas cercanas al desplome, hacen que uno se olvide por unas horas de los análisis políticos y de los mil disfraces que tapan el rostro anónimo de nuestra sociedad.

Y se brinda, pues claro que se brinda por la felicidad a la que uno y usted tenemos derecho.

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