jueves, 5 de mayo de 2011

Arriba el telón


Los que hemos vivido alguna que otra campaña electoral, sabemos lo que significa el primer día de cualquiera ella. Todo tiene que estar preparado. Nada se puede dejar a la improvisación. Hay que saber el ejército con el que se cuenta, en especial: interventores y apoderados. Aprender a arropar al candidato o candidata. Tener aprendido de memoria el catálogo de promesas que, por cierto, aquí en Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, pueden ser muy bien las mismas de hace cuatro, ocho o doce años, por ejemplo: el plan de saneamiento integral de la Costa del Sol, solución al gueto de Los Asperones o de los Baños del Carmen, rehabilitación del Barrio de la Trinidad o, entre otras, preocupación máxima por la cultura.

La prensa, mercados y mercadillos son armas esenciales, creen los asesores de imagen, para ganar la batalla electoral. Y junto a ello, que los candidatos y candidatas hagan el ridículo hasta el máximo, ya saben, baile con jubilados, besitos a niños y niñas, reparto de claveles, llaveros y mecheros, hacerse ver por calle Larios y barriadas, sonreír aunque duela alguna que otra muela, mostrarse amable, discreto, parlanchín o parlanchina.

Y el debate, ese pugilato entre los candidatos y candidatas más importantes del lugar. Debate sin rubor alguno, donde todo vale, desde la puya a la ironía, pasando por la vulgaridad. Un debate milimetrado donde, para quedar bien delante del virtual espectador, que casi no existe, hay que pasar por la sala de maquillajes y llevar en el disco duro las cuatro frases que, como buenos directos, tambaleen al contrario.

Qué lejos, verdad Paco, de aquel junio de 1977, cuando desde Larios, 5 salimos a la calle, cola en ristre y con el cartel de Adolfo Suárez, para embadurnar cualquier pared que nos ofreciera un resquicio de espacio, después de que la tropa comandada por Tomás y Leopoldo hubiesen colocado la hoz y el martillo por todas partes.

Qué tiempos de magia e ilusión. No sé, tengo la sensación de que ahora todo es distinto; seguro que es a causa de los años.

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