sábado, 14 de mayo de 2011

Acto 9º: Pepe Sarria, un verso libre


Tengo la suficiente ruina de edad para poder haber sido el padre del poeta Pepe Sarria, pero la relación ha quedado en una buena y fecunda amistad; amistad que no se basa en echar alguna que otra tarambana al filo de la madrugada, pues es hombre de buenas costumbres; tampoco el cimiento de esta correspondencia en el ser amigos está adornada por algún pampero perdido en Puerta Oscura, pues es abstemio; ni siquiera en haber echado un pitillo con el, para qué hablar de un buen canuto, porque este buen hombre que es Pepe tan sólo saber prender el fuego de la verdadera amistad.

Recuerdo, como si fuese ayer, la primera vez que hizo acto de presencia por la tertulia que algunos malditos y malditas poetas celebrábamos en las bodegas “El Pimpi”, hace ya la friolera de más de veinte años. Lo he visto crecer en dos dimensiones diferentes: la de poeta y la de hombre social, esta última, como la de tantos otros ciudadanos, está basada en su concepción humanista que proviene de un cristianismo bien fundamentado y que le ha llevado a meterse en algún que otro “jaleo” de organizaciones gubernamentales en ayuda de chavales desheredados; que Dios, ese impenetrable Misterio, lo bendiga.

Sus poemas son suaves como las arenas del mar, el dulzor de los dátiles, la esbeltez de las palmeras y el deslizante vuelo de la blanca gaviota. Su lírica es versicular, con cierta semejanza a los Salmos de David y sin la brusquedad de ningún acantilado que deje su poema en el vacío.

Sin embargo, él, Pepe Sarria, se ha metido de lleno en el acantilado de la política y en el pueblo donde reside, ese lugar donde el azahar se adelgaza y que tiene por nombre Alahurín de la Torre, va de número 2 en una candidatura de nombre Electores que compite, nada más y nada menos, con los hombres y mujeres de los poderosos Zapatero, Rajoy y Cayo Lara, entre otros.

No sé si soy creíble, seguro que más bien poco, pero si yo viviese por entre esas callejuelas vecinales con aromas de azahar no dudaría en depositar en la urna correspondiente una papeleta con su nombre, sería tanto como introducir un “verso libre” entre tantos votos disciplinados.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com

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