jueves, 19 de mayo de 2011

Acto 14º: El lenguaje de las urnas


Mañana callarán los políticos y hablarán las urnas, o sea, el pueblo o una parte de él. El lenguaje de las urnas es distinto al de los candidatos, no existen gritos y promesas, sino silencio. Un silencio estremecedor de la papeleta en blanco y negro, un juicio a una labor, un hervidero de esperanza. Si algo es la democracia, ese algo es la urna.

Cuando el 22-M, a las 20:00 horas, comience a cantarse y contarse el mitin del pueblo, un escalofrío recorrerá el interior del cuerpo político; porque el político no las tiene todas consigo. Ni cuando las encuestas, premonición del pueblo, anuncian una mayoría absoluta o una derrota catastrófica. El político ama a las urnas, pero tiembla ante ellas. “No hay amor sin temblor”, dijo el poeta. A más pueblo, mayor verdad. Por ello es importante que el ciudadano acuda a votar.

Terminadas las grandes o pequeñas fiestas de cierre de campaña, nosotros, el pueblo, celebraremos el gran festejo de la democracia: el poder convertirnos en jueces de los que ostentan o desean ostentar el poder. El próximo domingo, valga la expresión, el poderío se aposenta en nuestra pequeña tienda de campaña, en la lona extendida de la libertad y su secreto, a saber: la urna.

No cabe, pues, ninguna excusa o grave lamento, no cabe decir que el pueblo, o parte de él, se ha equivocado. El pueblo, representado en las urnas, viene a significar la línea de fuerza histórica que determina los cambios en la sociedad. La urna es la revolución silenciosa.

Unos y otros, también los de Democracia Real Ya, han querido, legítimamente, ganar nuestras voluntades. Su tiempo ha pasado; se ha diluido en caravanas, pegatinas, concentraciones, debates y algún insulto.

Ahora es nuestro tiempo. Nos convoca la oquedad de la urna, su vacío. Tenemos que penetrarla. Debe ser el mitin más multitudinario. A mayor número de votos, mayor credibilidad democrática.

La urna, vacía o repleta de votos, es la fiesta de la democracia.

www.josegarciaperez.es
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