viernes, 6 de mayo de 2011

Acto 1º: "Bildu"


Esto de la institucionalidad de la Justicia tiene visos de convertirse en un rollo macabeo. Muy especialmente cuando se habla de miembros progresistas y conservadores a la hora de dictar una sentencia, como últimamente ha ocurrido con la legalización o ilegalización del combinado abertzale denominado Bildu, ese conglomerado formado por distintas asociaciones, partidos y plataformas de corte abertzale y tufo batasuno que, por fin, se presenta en estas elecciones municipales en Euskadi y Navarra.

No existe mayor tontería que pronunciar esa tópica frase de “yo acato tal sentencia”, y a renglón seguido decir “aunque no la comparta”. Y digo que es una tontería porque da lo mismo que la acate o no, y mejor callarse en eso de compartirla o no.

Por aquí abajo, me refiero al sur de España, se han hecho muchas “porras” sobre el dictamen último de la posible ilegalización o no de “Bildu”, hasta más de una cena, con espetos de por medio, nos hemos jugado por estos pagos. No les engaño, voy a terminar por aborrecer los espetos, porque era de los que apostaba de que al final Otegi y los suyos, disfrazados o no, se saldrían con la suya. Y es que si recuerdan, ya pasó hace cuatro años con ANV y demás.

Lo que me fastidia, por no decir me jode, es que la balanza de la Justicia, tan lustrosa ella, tenga un fiel tan desnivelado que, según que Tribunal, el platillo de la “verdad” caiga según las pompas, vanidades y epítetos de los componentes de los distintos tribunales.

Y así ha ocurrido que el Tribunal Supremo le haya hecho un corte de mangas a “Bildu”, para a continuación el Tribunal Constitucional lo haya acogido en su santo seno. Pues bien, uno de los dos Tribunales es un incompetente administrador de la legalidad y, por lo tanto, debe difuminarse de inmediato, más en tiempos de recortes.

No ha comenzado nada bien este estreno de las elecciones del 22-M.

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