sábado, 23 de abril de 2011

Resucitó: ¿Sí o no?


Revolucionario, no lo sé; pero incomodo, con toda seguridad. Nació en Belén, pero creció, trabajó y predicó en Galilea. Fue ejecutado en Jerusalén, la llamada ciudad santa.

Fue ciudadano de un gobierno teocrático, o sea, religioso, al tiempo que esclavo de un imperio, el romano. Jehová, su Dios, era distante e innombrable, pero un día lo acercó a sus contemporáneos y le llamó Padre. Los no “contaminados” nunca se lo perdonaron.

Gustaba de rezar en sinagogas, pero sus momentos más felices de oración los pasó en montes, desiertos, mares y olivares. Todavía hoy su “credo”, el amor, está por estrenar; el oficial, es otro.

Creía en los pobres, en los que sufren, en los no violentos, en los que padecían hambre y sed de justicia, y en los que trabajan por la paz. Pero todas esas creencias fueron convertidas por la Iglesia oficial en “obras de misericordia”, o sea, una manera de conseguir que algo cambiase para que todo siguiera igual.

Empezó a molestar a los poderosos. Fue hecho prisionero. Pasó por el Sanedrín, algo así como la Inquisición y fue declarado blasfemo. El fiscal del imperio ejecutó la sentencia. La masa confirmó la ejecución con un “crucifícale”, aunque horas antes había gritado “hosanna”.

Después de enterrado, circuló una extraña noticia: su sepulcro estaba vacío. Más tarde decían que había resucitado. Desde entonces se busca incansablemente por unos y otros, amigos y enemigos. Se sospecha que puede estar entre los suyos, ya saben, pobres y desheredados, aunque los hay que lo buscan en los templos.

Se asegura que no está entre oro, tribunas, poder y fusiles. Ustedes dirán, pues yo, para qué engañar, no lo sé.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com
http://el-copo.blogspot.com o pinchando “el copo de pepe”

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