martes, 19 de abril de 2011

Política y Semana Santa (I)


Ignoro si Jesús de Nazaret podría definirse como un hombre de izquierdas. Durante el tiempo que va de los años 60 a los 70 del pasado siglo, se estudió su figura desde muy distintos perfiles que iban del anatómico al político.

Algunos consideraron que fue un rebelde al estado teocrático que le había tocado vivir; otros que fue un perfecto rabí amante de que la Ley se cumpliese en su totalidad; los hay que lo creyeron un nacionalista galileo y, por ello, un luchador contra el imperio romano. Juicios que nada dicen, porque los que lo juzgaron de verdad, los poderes religiosos y políticos de su tiempo, lo tuvieron claro: los primeros lo consideraron blasfemo y los segundos, Pilatos y subdelegados, culpable de querer implantar un reino contra el César.

Andan las izquierdas, esencialmente la andaluza, debatiendo su futuro y haciendo cambios de gobernantes durante esta evocación semanal del dolor. Y si ya, la misma tragicomedia religiosa y cultural que significa la Semana Santa, uniendo en un mismo escenario un limón cascarúo con un cirio regando cera, o un legionario armado con un hombre de trono o un hermano mayor medalleando a cara descubierta al tiempo que un policía municipal retira un Cristo mendigo de calle Larios; y, si ya decía, esta tragicomedia, u otra cualquiera, no hace pensar a las izquierdas que esta sociedad ha cambiado, pues apaga y vámonos, aunque sea de procesión.

Abocados los hombres y mujeres de izquierdas, según encuestas, a perder un buen trozo de la tarta del poder, se alían con cristos y vírgenes dolorosas, con el beneplácito de mayordomos y hermanos mayores, a pasear sus esperanzas por el centro de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, a fin de conjugar muerte y resurrección y salir de este atolladero en que se encuentran.

Pero no hay por qué escandalizarse, ya que todo ese conglomerado de oficiales y suboficiales, de niñas vestidas de brujas, de cirios y fusiles, de obispos y ateos, de turismo y hoteles, de políticos y contribuyentes, de venta y reventa de sillas, de mendigos y ricos, forma parte de la religiosidad.

La fe es harina de otro costal.

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