lunes, 18 de abril de 2011

El Gran Circo


Con respecto a “los dichos y hechos” -evangelios- que narran las andanzas de Jesús de Nazaret, existen tres posibilidades: o bien creer su contenido al pie de la letra o creer aquello que interese o saltarse su contenido olímpicamente.

En el primero de los casos, pueden encontrase en este mundo no más de diez personas; una gran masa giraría alrededor de posibles creencias de algunas salpicaduras evangélicas; y otros muchos viven como si Jesús no hubiese existido, y a lo mejor es así, cualquiera sabe.

Para los más, la Iglesia, en este caso la católica, es la que ha puesto en orden todo el legado proveniente del nacido en Belén. Es ella la que interpreta y revela, mediante el Catecismo, los dogmas y las Encíclicas papales, lo que hay o no hay que creer. Y realiza esa función apoyándose en la siguiente cita evangélica: “Tú eres Pedro, piedra, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y todo lo que tú ates en la tierra en el cielo será atado…”

Y así, por ejemplo, la Iglesia tiene un Credo particular que sus fieles repiten en Eucaristías y/o Misas: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible e invisible…”, credo que, desde luego, nada tiene que ver con aquél que parecía asumir el principal protagonista de los Evangelios, me refiero al que dicen que dictó en el llamado Sermón de la Bienaventuranzas: “… bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia…”

Así las cosas y los casos, nos vamos a encontrar durante estos días con la Semana Santa, Mayor o de Pasión, en la que se rinde culto al Sufrimiento y Muerte del Hombre que plantó cara a los poderes teocráticos del Gran Sanedrín y sus Sumos Pontífices, los cuales se rasgaron sus propias vestiduras y lo proclamaron blasfemo, por tanto, condenado a muerte, sentencia que fue ejecutada por el poder civil.

La Semana Santa se ha convertido en el Gran Circo de la Iglesia Católica, término que no debe tomarse como peyorativo, ya que posee todos los ingredientes positivos del concepto circense, pues en ella, en la Semana Santa, se ensamblan luz, tiniebla, color, arte, oro, plata, piedras preciosas, prestidigitación, música y bombo, demasiado bombo tal vez.

Ojalá no llueva por lo que tiene de espectáculo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario