domingo, 10 de abril de 2011

Diego Maldonado


Aunque no se sabe la lista completa de candidatos del PP que concurrirá a las próximas elecciones municipales, sí son conocidos los nombres de aquellos y aquellas que se quedan en el camino por distintas razones.

Diego Maldonado, concejal de Viviendas en esta última legislatura, es uno de ellos y yo, que no tengo pelillos a la hora de teclear nombres, lo siento de verdad porque ha sido uno de esos políticos, que se dan de higo a breva, próximos a la ciudadanía, al pueblo o como quieran ustedes llamar a ese amasijo de seres que conforman la voluntad popular.

Los componentes de la voluntad popular, o sea, los ciudadanos, a poco que conozcan algo el intríngulis político, no actúan por solitario, sino que vienen a ser algo parecido a los racimos de cerezas, ya saben, tira usted de una de ellas y se viene, al menos, un racimo de esa sabrosa fruta de verano. Vamos, un poner, que si no yo no votase al PP por no estar Maldonado incluido en el listado de trabajo por Málaga, esa ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, a poco que trabaje un poco, me acompañaría un puñado de electores.

Diego Maldonado volverá con la chavalería, donde como médico pediatra tendrá mucho que hacer y bueno, pero no está del todo bien que se le haya dado la papela como político. No se olvide su labor como diputado provincial de Cultura, inolvidable para mí, donde sentó los pilares que las banderías políticas nada tenían que ver con la Cultura con mayúsculas. Recuerdo, cuando se presentó como número 1 por el Ayuntamiento de Marbella frente al todopoderoso Jesús Gil, que me invitó, dentro de su campaña electoral, a dar una conferencia sobre Andalucía, y yo, que soy algo honrado, me permití confesarle mi condición de andalucista absoluto, aunque sí carné oficialista, y él me contestó: pues, por eso, porque deseo que el persona oiga algo esencial sobre nuestra tierra.

A Diego lo ha ennoblecido políticamente, además de otras virtudes, su proximidad con el pueblo y con otras verdades establecidas más allá del código del PP; eso, y su paso por la siempre difícil concejalía de Cultura, de donde hace cuatro años fue arrojado a las tinieblas por un personajillo distante, amante ególatra de su propias fotos y que desequilibró por completo el buen cuatrienio que Maldonado forjó desde su responsabilidad de Concejal de Cultura.

Amigo Diego, esta columna va por ti. Siempre te recordaré como el político próximo al arte y con ganas de empaparse de él.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com
http://el-copo.blogspot.com o pinchando “el copo de pepe”

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