martes, 12 de abril de 2011

Del chiste al cuento




Dicen que un lepero se acercó a una óptica para comprar unas gafas. El empleado, con exquisita educación le preguntó: “¿para lejos o para cerca?” A lo que el hombre de Lepe, contestó: “Pa la provincia de Huelva.”

De chascarrillos como éste, viene la fama del lepero como cateto a toda pastilla, aunque no son muchos los que saben que Jordi Pujol, en visita a Andalucía, el primer pueblo donde puso sus reales fue en Lepe para interesarse por la visión emprendedora de este pueblo de la provincia de Huelva, donde el desempleo existe en su más mínima expresión tanto por los dividendos que dejan en las arcas municipales la playa de La Antilla y buena parte de Isla Antilla, que reparte sus beneficios con Isla Cristina, como por la riqueza del cultivo de la fresa, fruta conocida en toda Europa.

Toda esa gama de chistes atribuidos a Lepe, extrapolables a cualquier localidad de España, se debe a la vinculación que Manuel Summers tuvo con esa localidad onubense durante los veranos que pasaba en la lengua de blanca arena que va desde el Barrio de Pescadores hasta la orilla del río Piedras, sagrado lugar “donde el viento silba nácar.”

Pues bien, Javier Valderas, hijo de Diego, coordinador de IU en Andalucía, se presenta como candidato a la Alcaldía de Lepe, y ha incorporado en su programa que el “chiste de Lepe” sea aprobado por el Parlamento de Andalucía como Bien de Interés Cultural. Pues puede ser que ocurra, o sea, que sea aprobado por los integrantes del Hospital de las Cinco Llagas.

Pero si así fuera, a nivel muy personal solicito del mismo Parlamento que el “cuento de Málaga” obtenga el mismo trato y privilegio; me explico a continuación.

En Málaga, ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, existe una maravilla, que entre unos y otros se ha convertido en ruina, llamada Convento de La Trinidad, a la que en su día la actual presidenta del PSOE-A, Rosa Torres, prometió convertir, siendo Consejera de Cultura, en el Museo de los Cuentos. Descabalgada de la Consejería, desembarcó en la misma don Paulino Plata que ya no vio con buenos ojos la promesa de su antecesora, hasta ayer, que en un momento de arrebato de precampaña prometió convertir al Convento en un nuevo cuento.

Finalizo con una anécdota: se cuenta que Franco visitaba una cárcel interesándose por sus inquilinos. El director de la prisión iba indicando a los “elementos” que habitaban cada celda. Al llegar a una de ella, con cierto peloteo dijo al gallego: “En ésta se encuentra el que inventa los chistes contra VE”. Saltó la curiosidad del dictador. Penetró su figura la celda y preguntó al preso si era cierto que él era el autor de los chistes que, sobre su persona, circulaban por España. “¡Que no!”, decía el buen hombre. Franco lo miró, y con picardía le dijo: “Si te inventas un chiste ahora mismo, te dejo en libertad”. El preso, lepero por cierto, se quedó pensando un instante, y con el brazo en alto, gritó: “¡España, una!, ¡España, grande!, ¡España, libre!”

Tras el grito, un insoportable silencio inundó la celda, y Franco dijo:
“eso no es un chiste.” “Desde luego que no, pero no me negará VE que es un cuento”
Quiero decir que el “cuento del Convento de la Trinidad” tiene más guasa que “el chiste de Lepe”

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