miércoles, 6 de abril de 2011

Andalucía: ramera


“La de los cantes de siempre, Andalucía: la fiesta”, es un decir falso, porque lo que se dice fiesta -cante y jolgorio- va desapareciendo con más de un millón de parados.

“La de míseros jornales, Andalucía: la pena”, va siendo cada día que pasa una verdad absoluta con la limosna oficial que van recibiendo los sumisos jornaleros para acallar el ruido de sus tripas.

“La que te vendes por nada, Andalucía: ramera”, una triste realidad consolidada con las promesas políticas, los estatutos manufacturados y los EREs de la mentira para el aprovechamiento de banderías políticas.

“La que muere y resucita, Andalucía: grandeza”, una utopía pensada por unos soñadores pseudo-revolucionarios que creen, inocentemente, en que la palabra poética puede cambiar una realidad que nos avergüenza.

“¿Dónde tu orgullo de pueblo, dormido con las promesas?”, aunque la verdad es que no conformamos un pueblo, sino ocho provincias en innoble lucha fraticida para enarbolar la bandera del poder.

“¿Dónde tu estirpe de casta, dormida, sin garra y quieta?”, si admitimos con un encogimiento de hombros que determinadas personas en uso, mal uso, de sus apellidos se enriquezcan porque sí.

“¿Para qué la blanca y verde si en tu corazón no ondea?”, sí la usamos, me refiero a la bandera, un día al año, llámese 28-F, pero no nos cubrimos con ella el resto de los días.

“¿Por dónde los andaluces que presumen de poetas?”, si tan sólo cantan bellas palabras huecas que inducen a que el pueblo andaluz se sumerja, si es que se leen, en los fumaderos del opio y la sumisión.

“Me duele tu libertad, muerta por cuatro monedas”, cuatro monedas, a lo más cinco, con la que taparnos la boca y la reivindicación si nos comparamos con los pueblos del norte.

“Me duele verte de esclava, cuando pudieras ser reina”, reina, sí, andaluz no te rías, pues poseemos la riqueza del mestizaje de todas las civilizaciones del mundo occidental, mientras algunos se dedican a levantar piedras.

“Andaluces, levantaos…”, calla, político de mierda y no blasfemes más, pues si los andaluces nos levantáramos hasta las piedras se echarían a temblar.

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