miércoles, 23 de marzo de 2011

Salir al asombro


Se ha esfumado mi capital de visiones. Ahora, todas las gaviotas son blancas; el ocaso, un amanecer; la orilla, un paseo rutinario, y ya no me siento dios, hombre o loco.

Mi tesoro de imágenes languidece en el vientre del misterio descubierto. Tengo la certeza de saber lo que pisan mis pies, lo que palpan mis manos, lo que abarca mi vista y también sé que el pálpito de mi corazón es igual al clónico golpeteo de todos los seres que, sumisos al destino, deambulan sus óseas estructuras en el alienante asfalto de la existencia.

El chasquido del asombro ha dado paso a una serie interminable de engrasados goznes que cierra el paso luminoso del vértigo de ser; tan sólo en mi sombra, grotescamente alargada, intuyo la silueta del que fui.

He instalado mi lona en el desierto de la mansa normalidad; no he clavado los vientos de poniente y levante ni tampoco he cubierto la tienda con el paño del calor.

Ojalá el roce del rocío sacuda las escamas de mi piel, ojalá amanezca una tormenta que azote y escombre la máscara que empieza a formar parte de mi yo. A mi alrededor y conmigo, sin la fértil compañía del riesgo, brotan, cuando amanece el tedio, las tardes que oscurecen la sensualidad del despertar.

El sol ha cambiado de lugar, cuando camina a poniente nace, anaranjada, una ligera sacudida de recuerdos sin futuro, y es entonces, por un instante, cuando siento.

Pero no estoy muerto, sino dormido en un ataúd que es principio de necrosis. Tengo que salir de él.

www.josegarciaperez.es
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http://el-copo.blogspot.com o pinchando “el copo de pepe”

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