viernes, 18 de marzo de 2011

Qué pueblo


Ante las imágenes del desastre japonés, las palabras no tienen sentido alguno. El terremoto, después el tsunami y el progreso humano a punto de estallar como una olla a presión son imposibles, al menos por mí, de una somera, no digamos profunda, descripción. Y hace 56 años dos bombas atómicas rociaron de muerte “el lugar de origen del sol”. Y los kamikazes, qué pueden decirme de ellos; yo, nada.

Y siendo como son, orgullosos de sí mismos como nadie, parece un pueblo en súplica; no sé si rezan, tampoco en quién creen del más allá, pero su actitud, sus manos cerradas en la ceremoniosa súplica y parabienes al otro son lo más semejante a la lúdica expresión de la bondad.

Qué lejana actitud ante semejante desgracia -apocalipsis afirman algunos agoreros- al comportamiento que hemos visualizado de pueblos que han sido sacudidos por desgracias parecidas a la suya. Y ahora aparecen los truhanes bursátiles, los cuervos del capitalismo salvaje de los que hablara Sostres a picotear sus desvencijadas vidas.

Ordenado, emprendedor, disciplinado con ellos y no desconociendo lo que se les viene encima, el pueblo japonés está dando una lección magistral al mundo. ¿Significa ello sumisión o tal vez opio del pueblo? Creo que no; ese pueblo es el ejemplo viviente de lo que a uno le gustaría ser, vivir o copiar.

Sus habitantes son los únicos que saben de bombardeos nucleares desde aviones de la “paz”, del estigma de su vecino a no más de la breve travesía de un charco de agua, del misterio de un emperador -casi un dios- que les habla, en tiempos de catástrofe, cada veintidós años.

Un pueblo que no llora, o parece no llorar; que no implora, o parece no pedir; un pueblo, no una masa; un ejemplo imposible de igualar; un pueblo sobrenatural, muy por encima de nosotros.

Oh Japón, país de vencedores vencido por las desgracias, pero con capacidad de resucitar, consigues que la envidia, no sé si sana, nazca en mí. O no, no es envidia, sino admiración.

No hay comentarios:

Publicar un comentario