sábado, 12 de marzo de 2011

Lee esto, Salvador Sostres


Salvador Sostres es al periodismo lo que Belén Esteban es a la inteligencia. En esto de los papeles escritos, nada mejor que decir imbecilidades y burradas para ser fichado en tertulias y algún que otro periódico de prestigio, en este caso El Mundo.

Hoy nos hemos desayunado con un eructo periodístico de Sostres en dicho periódico, bajo el título de “Lee esto, obrero” en el que defiende el capitalismo salvaje como la única forma de generar riqueza y liquidar la pobreza. Argumenta el que fuese nombrado por un nutrido grupo de Facebook como “el mayor gilipollas del mundo” por un ataque inusual y bestial a Labordeta, que “las dos clases que fundamentalmente se establecen ya no son ricos y pobres sino inteligentes o burros”, y para ello se basa en el top 20 de la lista Forbes donde se relacionan los hombres y mujeres más ricos del mundo, y entresaca de ella algunos nombres que se han hecho a sí mismos desde la zona de la humildad e imaginación, caso, entre otros, de Amancio Ortega.

A partir de ahí, el escritor desbarra con la provocación a los casi cinco millones de parados en España, paro que él sostiene es debido a los sindicatos, al Estado del Bienestar, al reparto de limosnas y al conformismo del pueblo.

Semejante personajillo de la opinión pública, provocador nato para hacerse notar y fichar, no merece ser leído aunque un servidor ha caído en la trampa, y no lo merece porque es un adulador de los poderosos, o sea, de los ricos y observa la tragedia de la miseria desde la tribuna de exabrupto, olvidándose de que además de España y sus jornales limosneros de hambre y sumisión, existe un mundo, el otro, el de la hambruna del Sur que sirve de campo de experimentación y exterminio del salvaje capitalismo.

Váyase usted, señor Sostres, en el peor de los sentidos, a tomar por el culo.

1 comentario:

  1. Salvador Sostres escribe lo que escribe porque sabe que, a falta de talento, solo puede usar como reclamo el morbo, la provocación y indecencia. Lamentablemente la morbosidad es un vicio tan extendido que tiene asegurada una bolsa de lectores no escasa.

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