lunes, 14 de marzo de 2011

Juan el de Cartajima


Estos días he recibido una epístola de mi amigo Juan el de Cartajima. Hacía años que no sabía nada de él, pero se ve que ha vuelto a la lectura de algunos de mis copos y, entre otras sentencias, me dice lo siguiente: “… no te preocupes tanto por los demás, no malgastes tu tiempo, ya breve, en criticar a diestro y siniestro. Un consejo, el primero que te doy en estos diez años de aislamiento voluntario: ve pensando en recoger tus bártulos y juguetes, y busca el equilibrio contigo y con la Naturaleza, huye del cemento y del güisqui, colúmpiate en los árboles que siempre estuvieron con nosotros…”

Todo llegará, pensé; aunque quizá debiera decir que ya ha llegado. Jamás tendré un consejero como mi amigo Juan el de Cartajima. Fue un hombre de mundo. Supo de lugares como la kabila de Beni-Buifrur, de las minas de Uixan, Afra y Setolázar, lugares donde solamente florecen chumberas y pitas.

Creyó durante un tiempo que Dios le hablaba y que él hablaba con Dios. Llevó un mensaje de justicia y libertad desde Guaro a Ronda, de Estepona a Archidona, de La Coruña a Bilbao, de Cuenca a Barcelona y de Almería a Ciudad Real. Fue inmensamente feliz o creyó serlo. Un día la divinidad se le esfumó, se fue como vino y quedó desnudo. Creía él que estaba abrigado con las pompas y vanidades de este mundo. Fue otra época de su existencia que también se diluyó.

El frío de la compañía con la nada, o sea, la soledad de espíritu, conmovió su ser y vio una roja gaviota posarse en su sandalia, en realidad era blanca y volaba como todas, pero él la percibió roja y con alas sin vínculos con el cuerpo. La siguió, voló con ella y vivió la locura lúcida, o sea, el amor. Al igual que le pasó con Dios, también se esfumó. Se retiró a Cartajima, Ronda, y escribió sobre el tomillo y el pinsapo, los abedules y el río, amasó el pan en casa y, sentado frente a una rústica chimenea, supo del aullido del lobo, del despertar de la flor y consiguió oler tierra mojada. Y me dice que es feliz.

Todo llegará, pensé.

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