martes, 8 de marzo de 2011

El ataúd de Enrique Moya, alcalde de Benalmádena


Desde hace una pila de años suena cada mes el teléfono del portal de casa enchufado a la cocina, y aunque por el sonido tengo la intuición de saber quién llama, pregunto al autor de la llamada su identificación y suena una voz lúgubre que exclama: “Meridiaaano”. O sea, los muertos me digo yo, o sea otra vez, el cobrador de una funeraria que todos los meses me cobra una cierta cantidad de euros para que mi sepelio no sea una ruina para la familia.

Y si uno lo piensa bien, pero que muy bien, el pago por el sepelio es una pura tontería, pues estarán ustedes de acuerdo con un servidor en que si al cadáver se le deja en “paz”, en no más de treinta días la “cosa” comienza a oler mal y alguien, digo yo, se tendrá que hacer cargo del muerto.

Pues bien, dado que con la miseria que nos sacude actualmente, la “negociada funeraria” puede pasar ciertos apuros, una buena empresa de Banalmádena, rimbombante en estos menesteres -hago cruces con el pulgar e índice- no ha tenido más ocurrencia que sortear un sepelio gratis que, a groso modo, puede resultar por más de tres mil euros.

A la invitación han acudido mil y pico de vivientes con vocación de muertos tiesos. A cada uno de ellos se les ha otorgado una papeleta y se les ha asignado un número, me dicen que incluido el 13. El macabro sorteo se realizó de la siguiente forma: todas las papeletas de la “suerte” fueron introducidas en un ataúd con madera de roble. Una vez introducidas en tan hermoso recinto, se pensó que la persona adecuada para extraer la dulce papeleta fuese el alcalde de Benalmádena.

Y ahí tenemos a Enrique Moya, veterinario y alcalde de tan bella localidad, abriendo el sarcófago con la mano izquierda e introduciendo la derecha en el artificio mencionado para sacar el número del “agraciado”, número que vino a recaer en un súbdito inglés con residencia en Alhaurín de la Torre, villa donde el azahar se adelgaza.

No sé si Moya, alcalde, ha abierto su propio ataúd para las elecciones del 22-M, pues parece que el antaño alcalde Bolín puede hacerle daño, y mucho, en las papeletas que se introducirán en otras urnas, que si no funerarias, sí pueden ser la tumba del macabro alcalde que por una foto es capaz de ser juez y testigo de cómo se juega con la muerte; ah, y con las pelas.

www.josegarciaperez.es

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