viernes, 25 de marzo de 2011

De la baronesa Thyssen y más gente


Al mismo tiempo que moría Elizabeth Taylor, un libio despistado que no sabía si era rebelde o del régimen la diñaba colateralmente a consecuencia de la labor humanitaria que realiza el personal de los F-18 y otros instrumentos de paz.

Mientras tanto Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, se preparaba para el acontecimiento del año y de toda la legislatura de Francisco de la Torre: la inauguración por chiripa del Museo Thyssen-Bornesmiza en calle Compañía y a un beso de distancia del Santo Cristo. El día anterior, cansino pero remozado, había yo descendido la santa Tribuna de los Pobres y husmeé al ejército de operarios, municipales y no, ocupados en que todo quedara a punto para el espectáculo que al día siguiente se avecinaba. Y después, dicen los más críticos, que el Ayuntamiento no funciona. Mutis.

Pasaba por semejante lugar camino de coger un taxi para almorzar con el maestro Manuel Alcántara y echar el día con él. Y así fue, así se cumplió, se comió y bebió; y para terminar el día nos encaminamos ambos al café-bar Gran Vía y en su sagrario del pueblo y para el pueblo, vivimos una jornada inolvidable con Pepe “el pollo”, Manolo “el bético”, Juan “el manteca”, el “coronel” Paco y otros personajes que bebieron de los saberes del maestro en cuestiones como poesía, boxeo, tauromaquia y vida. De todo ello quedó constancia en el cuaderno de visitas de dos rayas que posee Antonio Pacheco, dueño del Gran Vía, para estos menesteres.

Como uno es Excelentísimo Señor por nombramiento de SM el Rey, tonto de mí pensaba que Illa, jefe de protocolo, me podía haber mandado una invitación para ver a la baronesa Thyssen, hecho que no se produjo, pero que no impidió para que yo, disfrazado con vaquero desvencijado, husmeara en la inmediaciones de calle Salvago el paseíllo de ilustres personajes que acudían a la mísera copichuela gorrona.

Vi hacer dicho paseíllo al actor, al torero y a la cantante; al alcalde, al consejero y a la candidata; a todos los ediles, incluido Briones, y al que se autodenomina poeta, Taján. Como mi corazón no está para muchos berrinches, volví hacia la Tribuna de los Pobres y en “El Racimo” hice la primera estación de penitencia por el perdón de sus pecados.

Así sea.

www.josegarcíaperez.es
www.papel-literario.com
http://el-copo.blogspot.com o pinchando “el copo de pepe”

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