lunes, 7 de febrero de 2011

Y Briones cogió su fusil


El PP ganó las últimas elecciones municipales de Málaga con mayoría absoluta. Y sigue reinando en la ciudad desde entonces y es posible que lo siga haciendo durante otros cuatro años más. El Alcalde Francisco de la Torre Prados, por el poder que le otorga la Ley, designó a un desconocido Miguel Briones para el cargo de Delegado Municipal de Cultura de esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia.

Y Briones cogió su “fusil” e inició la observación del horizonte cultural de Málaga con el dedo índice de su mano derecha acariciando el gatillo y paseando el punto de mira por todos los ciudadanos que no fueran de su agrado, especialmente con los que con el tecleo de un ordenador pudieran ejercer una crítica hacia él.

Para estar más seguro, contrató dos guardaespaldas culturales, sicarios del hecho cultural, se afilió al Partido Popular y ya fue unos más de los suyos, o sea, de Paco, Elías, Diego, Celia, etc., y estos lo consideraron “uno de los nuestros”

Entre sus primicias culturales, liquidó de un solo disparo, con silenciador incorporado, un bello proyecto poético-social, de nombre “Poesía en los barrios”, mediante el cual algunos poetas llevaban la poesía a los barrios más periféricos de la ciudad, o sea, los situados fuera de la “milla de oro poética” que discurre desde el Museo de Málaga hasta el C.C. de la Generación del 27; y Málaga y sus autoridades silenciaron el “crimen”.

Más tarde, cambió el fusil por una escopeta de cañones recortados y, de un simple plumazo, descerrajó a quemarropa la malagueña colección de Poesía “Ancha del Carmen”; para ejecutar ese nuevo atentado contó con los suyos, a saber, Paco, Elías, Mariví, Carolina, Diego, Teresa, etc., pues, al fin y al cabo, “es unos de los nuestros”, me susurraban al oído. Un clamor, más universal que malagueño, conformado por mil voces de distintos países clamaron por la tinta roja desparramada por la perchelera calle que daba nombre a los libritos poéticos, pero no sirvió de nada porque los dados, los votos, de la muerte estaban echados.

Y por último, un pequeño pero grandioso expediente para nombrarme oficialmente, no marqués, sino lo que ya soy, hijo de Málaga, lo ha introducido en cloroformo y ha colocado a uno de sus dos guardaespaldas para que nadie ose llegar a él.

No sé que mentor o mentora, me inclino más por segundo, fue quien señaló al Alcalde la habilidad que Briones tenía para “liquidar” aquello o aquél que le molestaba, pero dada su perfecta sincronía para dar en el blanco elegido no me extrañaría verlo en la lista del PP para hacer virguerías en la próxima legislatura.

Se lo ha ganado a pulso, pulso que, por cierto, no le tiembla a la hora de apretar el “gatillo”.

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