jueves, 24 de febrero de 2011

Para salir del paso


Tan sólo con un ir y venir a Madrid o por pura vagancia de tomarte un par de días de asueto del tostón de tener que escribir, son causas suficientes para que enjaretar un “copo” suponga un gran sacrificio. Eso es lo que me ocurre en estos momentos, tras el encuentro con la prehistoria política en el día de ayer.

Bueno, digamos que vale la pena haber pasado unas horas en la bulla de trajes oscuros, corbatas al cuello e ir buscando por el hemiciclo rostros de personas que tomaron güisquis con olor a pólvora hace treinta años. Bien, pues bueno, pues vale la pena, pero la verdad, si es que ésta existe, es que te pasas las horas mirando el reloj a la espera de que las manecillas marquen las 20:00 para salir de estampida hacia Málaga.

Cuando estás enamorado no miras nunca el reloj si conversas con la mujer amada, y cuando lo miras, si es que lo haces, han pasado cinco o seis horas en un santiamén; claro que esto también ocurre con una buena partida de póquer entre amigos que se convierten en enemigos durante unas horas.

Y además, cuando sobre las cenizas de lo que pudo ser una inconmensurable tragedia nacional, oyes que se está haciendo política con un discurso que es bueno para la derecha, centro, izquierda, ejército y pueblo español, al que por cierto se pone como auténtico protagonista de aquel caduco y superado 23-F, ya es que no paras de observar el minutero y llegas a creerte que el reloj ha detenido su incansable tic-tac.

Así que ni lo dudas, te colocas el abrigo, te tomas un buen café y caminas hacia Atocha en busca de la liberación. Y una vez en la Estación María Zambrano, un taxi te lleva a casa aunque antes realizas una estación de penitencia en el Gran Vía, donde unos buenos amigos, los mismos que te estuvieron informando telefónicamente del Oporto-Sevilla, te esperan para tomarte una copa de amistad.

Y descansas.

www.josegarciaperez.es

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