viernes, 4 de febrero de 2011

El sexto sentido


Qué bien sabe el café de la mañana, acompañado de un buen mollete rociado de aceite y cubierto de tomate; el gusto lo desarrollamos todos los días. Qué maravilla de ocaso vemos en el cabo Xunio, cuando los últimos rayos de sol taladran el templo de Poseidón; la vista la ejercitamos en cada acto de nuestra vida, y hasta somos capaces de mirar hacia dentro de nosotros. Qué magnífico aroma desprende el azahar en ese despertar de cada mañana; y es que con el olfato captamos aquello que nunca podrá captar la máquina más sofisticada que pueda existir. Qué placer poder oír la trompeta de Chet Baker o los blues que, como bucles en armonía, se apoderan de nuestros oídos y llegamos a sentir y descubrir el lenguaje de la música como un don divino.

Gusto, vista, olfato y oído. Cuatro sentidos en plena ebullición y siempre en disposición de desarrollo, pero queda huérfano y disminuido el tacto, pero el tacto con el otro o la otra. Ya ven que ante un dolor de muela o de estómago no existe mejor medicina que llevarse la divina mano al lugar dolorido y aposentar el suave tacto en la zona dolorida.

Qué le pasa al hombre y qué le ocurre a la mujer que huyen del tacto del otro, de la caricia, del manoseo, del pálpito de sentir carne con carne y experimentar si la química, ese misterio del amor, puede penetrar a través de los poros.

“Daos la paz”, ofrece el señor cura a los fieles, y un tímido besuqueo al aire con un leve contacto en las mejillas, cubre el templo; no digamos del frío apretón de manos; y no mencionemos a la estirpe sacerdotal que es la más meliflua a la hora de abrazar. Los hombres, al igual que las mujeres, o las mujeres y los hombres no se abrazan, no se tocan, no se acarician, no saben aceptarse en su inmensa humanidad.

Es hora de que desarrollemos el quinto de los sentidos, porque éste es el único que puede mecernos hacia el desconocido sexto sentido, el amor, ese sentir al otro como a uno mismo y fundirnos con él en un abrazo eterno.

www.josegarciaperez.es

1 comentario:

  1. Pues yo, la verdad, es que soy muy "tocona" así que el tacto, me va. Un abrazo. (Para que no se diga)

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