jueves, 10 de febrero de 2011

Dar la cara


Lo que ha solicitado don Francisco Conejo, socialista de pro de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, a sus camaradas compañeros que se la van a jugar en la próxima campaña municipal es una consigna que raya en la heroicidad. Les ha dicho que tienen que “dar la cara” ante el adversario y no arrugarse o bajarse pantalones o faldas ante los debates que se establezcan en plazas, barrios, bares, emisoras de radio y videos locales que proliferan en el territorio que ostenta el número tres en el ranking de desempleados en la inmortal España.

La petición tiene bemoles, y puede instaurar una nueva saga de héroes y/o mártires en nuestra provincia a causa de decir la verdad, sí es que de eso se trata. Porque como explicotear que a través de esas siglas denominadas EREs, el tinglado se haya convertido, a veces, en una especie de coladero por el que se deslizan reptiles cobrando una jubilación anticipada sin haber sido currante de la empresa herida de muerte. Esto por poner un ejemplillo sin importancia.

No está bien, señor Conejo, pedir a los compañeros que den la cara para defender lo indefendible; lo que usted está pidiendo es que “pongan la cara” por tanto tahúr y truhán esparcidos por esos campos donde la sinvergonzería se ha convertido en una forma de vivir.

“Dar la cara” es lo que ha hecho Ignacio Hernández, columnista de La Opinión, cuando el pasado miércoles día 9 de febrero, en el capitel de la suya ha colocado mi nombre en negritas y me ha soplado un piropo que se merece, como menos, un par de besos y, a continuación, sendos güisquis para fortalecer la amistad. Y qué decir de un tal Horacio Maturana, que en un comentario a una humilde columna de un servidor se ofrece como antólogo de un libro de versos de poetas heridos por el dedo infalible y fatídico del insigne Miguel Briones, con prólogo de Francisco de la Torre.

Eso, eso sí que es “dar la cara”

www.josegarciaperez.es

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