viernes, 21 de enero de 2011

Silbos


Silba el viento en la noche invernal, y su lamento es el lamento de todos los quejidos de las almas tristes.

Silba el alma que destroza mi cuerpo, y se inicia un intento de escape de todas mis aflicciones que se conjugan en un ¡ay! de dolor inconmensurable.

Noches extrañas las noches de este extraño invierno. Transcurren con amarga lentitud.

No existen luces en el horizonte para iluminar todo el torrente de oscuridad viviente que se presenta ante mí. No existe ni el más suave soplo que pueda germinar felicidad.

Todo es rincón oscuro, cerrojo enmohecido, arista cortante, negro candado cerrado y sin llave que impide a la libertad ser puerta batiente.

Nada espero. Ni tan siquiera quietud. Es una tristeza dinámica que va abarcando todo mi ser.

Y cuando el negro monstruo intenta oprimir al amor, a la sonrisa naciente o a la libertad que emerge, todo se rasga y rompe.

La quiebra es total. Me rompe en dos. Tritura la parte que camina hacia el abrazo y fortifica la debilidad de que nada es posible.

Sin fuerza, como “muñeco” de trapo con corazón de hombre, voy siendo comprimido hasta que cualquier día de noche invernal el débil corazón estalle y cubra de rojo el trapo que lo envuelve.

www.josegarciaperez.es

1 comentario:

  1. No sé si esta es una reflexión del pasado ó es actual.Me ha producido un gran desasosiego; pero es muy hermosa.No se quiebre, no se rompa. Recupere su fuerza y viva el aqui y el ahora como dice Echark Tolle en " El poder del ahora". No podemos tirar la toalla ante las inclemencias de la vida.Refugiese en sus recuerdos y sentimientos. Un abrazo Isabel

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