sábado, 1 de enero de 2011

La agenda del año 2011


Ea, ya estamos en 2011. Toda una meta, eh. Y ahora tocan 365 días columpiándose en lo mismo que el año pasado. Y usted que lo vea, aunque sea aburrido el tránsito.

Lo que tiene de novedoso el comienzo de año es poner al día la agenda que te han regalado o has acoquinado, aunque, la verdad sea dicha, ya no se usan como antaño por aquello de las nuevas tecnologías.

A mí me han regalado dos, una de bolsillo y otra de mesa. Las dos llevan incrustado mi nombre con letras doradas, vaya usted a saber si son de oro.

Dicho lo anterior, hoy, día de los Manolos, dedico mi tiempo a ir anotando nombres, citas, reuniones y posibles viajes. La cita del médico la escribiré con bolígrafo rojo.

Los viejos teléfonos se trasvasan a las nuevas agendas. Algunos nombres de hombres y mujeres, simples números, ya no formarán parte de la nueva relación. Quedaron en el camino. Se usó de ellos. Ya no nos valen. Nuevos números volverán a anotarse, y en nuevas agendas de nuevos años quedarán “descolgados”.

Lo bueno sería tener una agenda para construir el amor y la dignidad, elementos inusuales del momento. Sin embargo, el interior de las agendas huele a dinero, comidas y negocios. A consumo, vamos.

Estas dos agendas que me han regalado tienen como objeto programar mi vida. Y sin embargo, oh Dios, la vida es vida cuando no se programa, sin cuando salta el asombro, lo dejo todo y me voy tras él.

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