miércoles, 12 de enero de 2011

El "dolor de corazón" de los batasunos


A la chita callando, el Papa Benedicto XVI, por más que pese a muchos católicos dogmáticos, va desbrozando hojarascas del paisaje terrenal y espiritual. Observen si no, aunque sin abusar ya puedes colocarte un condón de higo a breva y, de un plumazo, ha enviado al reino del olvido al Purgatorio, endiablado horno donde debíamos purificar nuestros pecados, pecados que hoy, en la mayoría de los casos, son puros errores.

En mis tiempos de “tarsicio distinguido”, me contaban que eran necesarias cinco condiciones para hincar tus rodillas delante del cura que, como buen brujo, te borraba los pecados en un santiamén; una de esas condiciones era tener “dolor de corazón” por los deslices cometidos.

Existe en la actualidad, con motivo de la última misiva, trilingüe en este caso, una cierta discusión si las culebrillas de ETA, o sea, Batasuna y franquicias correspondientes, podrán reptar en las próximas elecciones municipales hacia alcaldías y concejalías del País Vasco en busca de calderilla sonante que les saque del ostracismo en el que se encuentran.

El Gobierno de España y los políticos en general son más permisivos que la Iglesia en esto de perdonar a cómplices de asesinos y palmeros del terror, pues tan sólo les piden que condenen la violencia que esgrimen los del hacha y la serpiente.

Nunca supe qué era “dolor de corazón”, aunque debía ser algo parecido a tener un cierto regomello, palabra en vía de extinción; pero tengo la intuición que los batasunos no tienen ni regomello ni dolor de corazón por la sangre derramada a través de sus “padres espirituales”. Y aunque padecieran una cierta desazón, no me digan que no es puro cachondeo que por condenar la violencia a toro pasado, y sin propósito de enmienda, se puedan hacer con la vara de mando de una localidad vasca.


www.josegarciaperez.es

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